Dofus Codex
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Dofus 3

La Leyenda de El Coco

por Totolo1,449 palabras
100%

Una loca leyenda: p. 3

Zakary Asp: p. 4

El desafío de Maly: p. 5

El monte Puaj: p. 7

Los testigos: p. 9

Molok Ark: p. 13

El beso: p. 14

Los latigazos del amor: p. 16


Existen numerosas criaturas en este bajo mundo, pero la bestia cuya historia viene narrada en este libro es, sin lugar a dudas, la más extraña y loca de todas.

«Loca» es exactamente la palabra adecuada, ya que a pesar de que la historia de El Coco se tome a menudo por un cuento de hadas, hasta sus detractores más acérrimos están de acuerdo en decir que todos los testimonios tienen un sorprendente punto en común..., una anomalía que los magos más brillantes no consiguen explicar, ya sean estos los eruditos de Bradacho o bien los fieles de Radama.

Se cuenta que la historia de El Coco, si realmente existe, está vinculada a la de un hombre llamado Zakary Asp, hijo del ilustre Zelote Asp.


Por este motivo, relataré las motivaciones que llevaron a Zakary a emprender el camino hasta el monte Puaj.

Zakary, que como el ángel Baluas solamente creía en lo que podía ver (sin duda estaba considerado como el más empirista de todos los magos de Amakna), había hecho la loca apuesta de demostrar al mundo, de una vez por todas, que El Coco no era más que un cuento para niños sin ningún interés...

El motivo de esta fascinación tiene su origen en la taberna El Dedo Reluciente, un bar mal frecuentado donde todos los encuentros eran posibles entre magos y magas. Los magos que necesitaban vaciar su varita mágica de vez en cuando se daban cita en aquel lugar...


Pero Zakaryno iba allí por ese motivo. El Dedo Reluciente era el santuario de Maly, la Fustigadora, quien ya les había robado el corazón a bastantes jóvenes magos...

Después de pasar una noche de borrachera, y harta de las declaraciones del joven mago, Maly, la Fustigadora le prometió su mano «entre otras partes de su anatomía» a Zak si este era capaz de llevarle las claves del enigma de El Coco, una prueba de su existencia o de su no existencia.

A veces, las mujeres pueden tener un comportamiento cruel con sus pretendientes, y lanzarle este reto a Zakary era como pedirle que se mantuviera de pie durante varias horas y sin moverse sobre la cabeza de un minotauroro en pleno coito (aunque este es, en realidad, un mal ejemplo, ya que un mago consiguió realizar esta hazaña).



Pero el joven Zak se lo tomó con una sonrisa y pensó que no era excesivo para tener acceso ilimitado a las caricias de la Fustigadora.

Estas son las razones que incitaron al joven mago a marcharse a la aventura con una mochila al hombro y montones de sueños eróticos en mente. Fue hacia el monte Puaj, para hablar con los primeros testigos que se habían cruzado con El Coco.

No resultaba sencillo ir hasta el lugar donde se encontraba aquella gente... El camino era largo y peligroso, y el único interés de aquel lugar era que reunía a todas las personas que decían haber visto a El Coco en un lugar particular.


Zakary tenía que ir allí y, pensándolo bien, todo lo que tuvo que sufrir y los obstáculos que tuvo que superar merecerían ser contados. Pero en realidad toda esa parte de la aventura no tiene nada que ver con el centro de interés de este libro, así que no hablaré de ello.

Era terriblemente difícil acceder a aquel asilo porque que allí era donde se abandonaba a los peores locos y tipos bizarros. Además, el camino estaba plagado de trampas de todo tipo porque, en caso de evasión, había que asegurarse de que ninguno de los residentes conseguía escapar sin caer en una.


Todos los que allí estaban tenían un punto en común, y esto sembraba la duda en la mente de los que más negaban la existencia de El Coco... La duda les impedía dejar esta historia en el olvido.

Todos los testigos tenían una cierta inclinación hacia el mal: estaban los viciosos, los perversos, los comedores de manzanas, los que quemaban espaguetis... Cada víctima tenía un vicio y algunas malas acciones que reprocharse. De todas formas, ya fuera por la locura que les causó la visión de la criatura, ya por los actos reprobables que cometieron, todos acabaron en el asilo del monte Puaj.


Lo único que hay que saber es que cuando llegó a este terrible lugar, la sonrisa de nuestro joven Zak no había desaparecido y las imágenes de la Fustigadora seguían presentes en su mente, como si su amor le hubiera conferido una voluntad de acero, inquebrantable incluso en los peores momentos...

Apenas unos instantes después de haberse curado las heridas, Zak fue a interrogar a Damog, el Retorcido, gran cervecero que mezclaba su cerveza con sangre de tofu. Odiaba tanto a estos animalitos que había causado la pérdida de muchas familias de ganaderos, y, por si no fuera suficiente, su cerveza se volvió famosísima en toda Amakna, obviamente antes de que los consumidores se enteraran de lo que bebían. Algunos bares la siguen sirviendo, pero Damog acabó internado, pues los especialistas concluyeron que estaba loco y que era peligroso.


Pero para desgracia de Zak, Damog no se interesaba en su visitante. No dejaba de repetir estas palabras: «No más en mí... ya no, en mí no...». Zak se sorprendió todavía más al ver que todos a los que pretendía interrogar tenían exactamente el mismo comportamiento... Ya se tratara de Yango, el Despellejador, o de Farde, el Fútil, todos repetían sin parar los mismos mensajes y con la misma entonación...

Todos menos uno...



Justo cuando había perdido toda esperanza, Zak fue a ver al último testigo. Sin duda el más terrible: un hombre alto, calvo y con ojos enormes y globulosos. Daba miedo y su mirada penetrante parecía observar el alma de la persona que tenía delante. Zak no vaciló ni un instante, pues no había hecho aquel viaje y vivido tantas aventuras para temblar ante ese par de ojazos. ¡No iba a olvidar tan fácilmente los encantos de Maly, la Fustigadora!

Aquel hombre se llamaba Molok Ark y, al contrario de sus «compañeros», no repetía esa frase... Parecía extrañamente tranquilo y, aunque cueste creerlo, aquella calma era aterradora.


Cuando empezó a hablar, lo hizo con una voz increíblemente gutural, una voz que no tenía nada de humano. Seguramente Zak habría escapado corriendo si la visión de Maly en una pose indescriptible no le hubiera forzado a mantener la calma. Pero sí es cierto que aquel sencillo «hola» habría helado la sangre del mismísimo Yopuka.

Entonces Zakary, con voz temblorosa, le hizo miles de preguntas. Zak buscaba algún detalle, algún indicio que le demostrara la ridiculez de aquella leyenda.

Zak ya no se preocupaba por saber si aquel monstruo había existido realmente o no. El deseo le dominaba, y todo el tiempo que perdía en aquel lugar se transformaba en minutos malgastados lejos de su musa.


De repente, Molok volvió a hablar, y su voz había cambiado: parecía más joven, más suave... «Bésame Zakary, bésame y te daré lo que buscas, bésame y tu búsqueda habrá terminado». Estas fueron sus palabras.

Zak no daba crédito a lo que oía, así que se puso a pensar unos instantes... Nunca había creído aquella historia descabellada, y poco le importaba besar a un loco si este le permitía conseguir el corazón de la mujer de sus sueños y, además, volverse famoso en la academia.

Aquel hombre no podía hacerle daño, ya que estaba encadenado. Se acercó tranquilamente, con una sonrisa agarró la cabeza de Molok entre sus manos y besó a ese terrible personaje, famoso por ser uno de los más terribles bandidos y asesinos de Amakna.


Los guardias abrieron los ojos muchas horas más tarde. Explicaron que cuando los labios de Zak tocaron los de Molok, un terrible flash iluminó la celda. Cuando se despertaron, Zakary Asp había desaparecido, y Molok, acurrucado en una esquina, no dejaba de repetir: «No más en mí... ya no más, en mí no...».

¿Acaso fue una alucinación colectiva? Sea lo que fuere, hoy en día no hemos conseguido demostrar la existencia de El Coco...

Sin embargo, días más tarde, Maly, la Fustigadora, desapareció también, y algunos dicen que la vieron, mucho más tarde, en pleno bosque, maltratando a un hombre que se reía como un endemoniado...


Exista El Coco o no, ahora sabemos que el amor puede volver a cualquiera imprudente, o peor todavía... ¡totalmente loco!

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