La Leyenda de El Coco
[!] Coming Soon
Una loca leyenda: p. 3
Zakary Asp: p. 4
El desafío de Maly: p. 5
El monte Puaj: p. 7
Los testigos: p. 9
Molok Ark: p. 13
El beso: p. 14
Los latigazos del amor: p. 16
Existen numerosas criaturas en este bajo mundo, pero la bestia cuya historia viene narrada en este libro es, sin lugar a dudas, la más extraña y loca de todas.
Loca es exactamente la palabra adecuada ya que a pesar de que la historia de El Coco se tome a menudo por un cuento de hadas, hasta sus detractores más acérrimos están de acuerdo en decir que todos los testimonios tienen un sorprendente punto en común... una anomalía, que los magos más brillantes no consiguen explicar, ya sean estos los eruditos de Bradacho o bien los fieles de Radama.
Se cuenta que la historia de El Coco, si realmente existe, está vinculada a la de un hombre llamado Zakary Asp, hijo del ilustre Zelote Asp.
Por este motivo relataré las motivaciones que llevaron a Zakary a emprender el camino hasta el monte Puaj.
Zakary, que como el ángel Baluas solamente creía en lo que podía ver (sin duda estaba considerado como el más empirista de todos los magos de Amakna), había hecho la loca apuesta de demostrar al mundo, de una vez por todas, que El Cocono era más que un cuento para niños sin ningún interés...
El motivo de esta fascinación cuando menos inesperada tiene su origen en la taberna El Dedo Reluciente, un bar mal frecuentado donde todos los encuentros eran posibles entre magos y magas ya que los magos que necesitaban vaciar su varita mágica de vez en cuando se daban cita en aquel lugar...
PeroZakary no iba allí por ese motivo. El Dedo Reluciente era el santuario de Maly, la Fustigadora, quien ya les había robado el corazón a bastantes jóvenes magos.
Después de pasar una noche de borrachera, y harta de las declaraciones del joven mago, Maly, la Fustigadora, le prometió su mano «entre otras partes de su anatomía» a Zak, si este era capaz de traerle las claves del enigma de El Coco: una prueba de su existencia o de su no existencia.
A veces las mujeres pueden tener un comportamiento cruel con sus pretendientes, y lanzarle este reto a Zakary era como pedirle que se pusiera de pie, durante varias horas y sin moverse, sobre la cabeza de un minotauroro en pleno coito (aunque este es en realidad un mal ejemplo ya que un mago consiguió realizar esta hazaña).

Pero el joven Zak, que rea muy joven y alocado, se lo tomó con una sonrisa y pensó que no era excesivo para tener acceso ilimitado a las caricias de la Fustigadora.
Estas son las razones que incitaron al joven mago a marcharse a la aventura con una mochila al hombro y montones de sueños eróticos en mente. Fue hacia el monte Puaj, para hablar con los primeros testigos que se habían cruzado con El Coco.
No resultaba sencillo ir hasta el lugar donde se encontraba aquella gente... El camino era largo y peligroso, y la única ventaja de aquel lugar era que reunía a todas las personas que decían haber visto a El Coco...
Zakary tenía que ir allí y, pensándolo bien, todo lo que tuvo que sufrir y los obstáculos que tuvo que superar merecerían ser contados, pero en realidad toda esa parte de la aventura no tienen nada que ver con el centro de interés de este libro, así que no hablaré de ello.
Era terriblemente difícil acceder a aquel asilo ya que allí era donde se abandonaba a los peores locos y tipos bizarros. Además el camino estaba plagado de trampas de todo tipo ya que, en caso de evasión, había que asegurarse que ninguno de los residentes consiguiera escapar sin caer en una.
Todos los que allí estaban tenían un punto en común, y esto sembraba la duda en la mente de los que más negaban la existencia de El Coco... La duda les impedía dejar esta historia en el olvido.
Todos los testigos tenían una cierta inclinación hacia el mal: estaban los viciosos, los perversos, los comedores de manzanas, los que quemaban espaguetis... Cada víctima tenía un vicio y algunas malas acciones que reprocharse. De todas formas, ya fuera por la locura que les causó la visión de la criatura, o por los actos reprobables que cometieron, todos acabaron en el manicomio del monte Puaj.
Lo único que hay que saber es que cuando llegó a este terrible lugar, la sonrisa de nuestro joven Zak no había desaparecido y las imágenes de la Fustigadora seguían presentes en su mente, como si su amor por la atrevida le hubiera conferido una voluntad de acero, inquebrantable incluso en los peores momentos...
Apenas unos instantes después de haberse curado las heridas, Zak se fue a interrogar a Damog, el Retorcido, gran cervecero que mezclaba su cerveza con sangre de tofu. Odiaba tanto a estos animalitos que había causado la pérdida de muchas familias de ganaderos, y por si no fuera suficiente, su cerveza se volvió famosísima en toda Amakna. Obviamente, antes de que los consumidores se enteraran de lo que bebían. Algunos bares la siguen sirviendo pero Damog acabó internado, pues los especialistas concluyeron que estaba loco y que era peligroso.
Pero para desgracia de Zak, Damog no se interesaba en su visitante. No dejaba de repetir estas palabras: «No más en mí... ya no, en mí no...» Zak se sorprendió todavía más al ver que todos los que pretendía interrogar tenían exactamente el mismo comportamiento... Ya se tratara de Yango, el Despellejador, Farde, el Fútil, todos repetían sin parar los mismos mensajes y con la misma entonación...
Todos menos uno...

Justo cuando había perdido toda esperanza, Zak fue a ver al último testigo. Sin duda el más terrible: un hombre alto, calvo y con ojos enormes y globulosos. Daba miedo y su mirada penetrante parecía observar el alma de la persona que tenía delante. Zak no vaciló ni un instante, pues no había hecho aquel viaje y vivido tantas aventuras para temblar ante ese par de ojazos, ¡no iba a olvidar tan fácilmente los encantos de Maly, la Fustigadora!
Aquel hombre se llamaba Molok Ark y al contrario de sus «compañeros», no repetía esa frase... Parecía extrañamente tranquilo y, aunque cueste creerlo, aquella calma era aterradora.
Cuando empezó a hablar, lo hizo con una voz increíblemente gutural, una voz que no tenía nada de humano. Zak hubiera escapado corriendo si la visión de Maly en una pose indescriptible no le hubiera forzado a mantener la calma. Peros sí es cierto que aquel sencillo «hola» hubiera helado la sangre del mismísimo Yopuka.
Zakary, aunque con voz ligeramente temblorosa, le hizo miles de preguntas. Zak buscaba algún detalle, algún indicio que le demostrara la ridiculez de aquella leyenda.
Zak el empirista ya no se preocupaba por saber si aquel monstruo había existido realmente o no, el deseo le dominaba y todo el tiempo que perdía en aquel lugar se transformaban en minutos malgastados lejos de su musa.
De repente Molok volvió a hablar, y su voz había cambiado: parecía más joven, más suave... «Bésame, Zakary, bésame y te daré lo que buscas, bésame y tu búsqueda habrá terminado». Estas fueron sus palabras.
Zak no daba crédito a lo que oía, así que se puso a pensar unos instantes... Nunca se había creído esta historia descabellada y poco le importaba besar a un loco si este le permitía conseguir el corazón de la mujer de sus sueños y además volverse famoso en la academia.
Aquel hombre no podía hacerle daño ya que estaba encadenado. Se acercó tranquilamente, con una sonrisa agarró la cabeza de Molok entre sus manos y besó enérgicamente a ese terrible personaje, famoso por ser uno de los más terribles bandidos y asesinos de Amakna.
Los guardias abrieron los ojos muchas horas más tarde. Explicaron que cuando los labios de Zak tocaron los deMolok, un terrible flash iluminó la celda. Cuando se despertaron, Zakary Asp había desaparecido yMolok, acurrucado en una esquina, no dejaba de repetir «No más en mí... ya no más, en mí no...»
¿Acaso fue una alucinación colectiva? Sea lo que fuere, hoy en día no hemos conseguido demostrar la existencia de El Coco...
Sin embargo, días más tarde, Maly, la Fustigadora desapareció también y algunos dicen que la vieron, mucho más tarde, en pleno bosque, maltratando a un hombre que se reía como un endemoniado...

Exista El Coco o no, ahora sabemos que el amor puede volver a cualquiera imprudente o peor todavía... ¡totalmente loco!
