WakfuFamilia 3
Yo, Mizz Frizz
710 palabras
100%
Yo, Mizz Frizz
Volumen I: Los orígenes de una guerrera glacial.
por
Mizz Frizz
Me llamo Mizz Frizz. La gente me ve como una mujer insensible, desprovista de todo sentimiento. Y no se equivocan del todo. No conozco el significado de la palabra piedad. La desgracia ajena me deja completamente indiferente... Sin embargo, lo que no saben es que yo no he sido siempre así. En otro tiempo estuve casada...
Mi esposo era un alquimista estupendo, un xelor llamado Víctor Frizz. Lo amaba perdidamente. Hacía que mi corazón latiera tan fuerte como las pulsaciones de un dofus. Pero era un hombre frío y severo. Estaba obsesionado con sus investigaciones y pasaba la mayor parte del tiempo en su taller, realizando experimentos de los que yo no tenía ni la menor idea.
Nunca me tocaba, siempre me miraba de arriba abajo con su mirada helada, como si le molestara cada vez que le pedía un poco de atención. Terminé resignándome. Me decía a mí misma que estaba casado con su trabajo y que, en realidad, en su corazón de hielo nunca habría lugar para una mujer.
Pero me equivocaba.
Una noche, al bajar de improvisto a su taller, lo sorprendí en compañía de otra. Era una anutrof, ¡una anutrof con dos pelos y medio en el coco! A juzgar por el atormentador que salía de su bolso, seguro que era una de esas personas un poco inestables que de vez en cuando se visten con el traje de Caballero Negro.
Cuando vi a esa mujer calva, sonriente, con sus calzas negras y su lamentable capa, abrazando a mi marido; mi corazón dejó de latir y mi sangre se heló.
Un frío mortal y devastador se apoderó de mí y me hizo perder la razón. Sin pensarlo, salí de mi escondite e invoqué una horda agujas buscadoras que se abalanzó sobre la pareja. Como estaban tan atareados, los dos culpables no tuvieron tiempo de darse la vuelta y mis agujas les atravesaron completamente. como siempre lo fue con Víctor.
Al principio, me sentía destrozada por el dolor de haber sido traicionada, pero rápidamente me di cuenta de que sentía también un extraño alivio. Como si me acabara de liberar de una carga que arrastraba desde hace mucho tiempo. En ese momento, decidí empezar de cero y abandonar el lugar donde el amor me había cegado durante demasiado tiempo. Empecé a hacer las maletas y, al poco rato, me encontré con los preciados documentos de mi difunto "querido y cariñoso esposo".
Fue así como descubrí el objeto de su investigación, lo que le había obsesionado durante todos estos años: ¡la fórmula de un líquido de remojo, destinado a forjar un acero revolucionario!
Armada con este preciado descubrimiento, me fui sin mirar atrás, decidida a rehacer mi vida y a nunca más mostrarme débil. Quería sacar provecho de la fórmula de mi difunto marido, así que me dirigí a Pandala con el fin de encontrarme con Hotari Honza, el gran maestro forjamago. Pasé varios meses con él, como su discípula. Aprendí a forjar temibles armas y a manejarlas siguiendo técnicas ancestrales de artes marciales.
Juntos, experimentamos las propiedades del líquido de remojo y su increíble capacidad para helar el acero, volviéndolo más duro que el diamante. Gracias a la investigación, conseguí forjar una aguja tan rígida y afilada que ¡podría haber cortado en pedacitos al propio dios Xelor!
Desgraciadamente, cuando le estaba dando el toque final a mi mortífero instrumento, Hotari Honza resbaló accidentalmente sobre una piel de larva y derramó un frasco del precioso líquido. Este me salpicó en la cara y mi ojo izquierdo quedó completamente cubierto de escarcha. Al quedarme tuerta, decidí continuar con mi camino y maté sin escrúpulos a mi gran maestro.
Más tarde me enteré de que un noble extranjero, llamado Kontatrás, buscaba artesanos innovadores para su proyecto. No tenía nada que perder y necesitaba cambiar de aires. ¡Quizás era la oportunidad para convertirme en alguien importante!
Con un poco de sensatez, encontraría la manera de volverme imprescindible para el conde y me haría un hueco en las altas esferas de la aristocracia. ¡Me convertiría en una verdadera lady! ¡En una lady helada! ¡Una lady hela-da-da!
Frigost me llamaba... Frigost me esperaba... ¡Lady da-da ya estaba en camino!
Volumen I: Los orígenes de una guerrera glacial.
por
Mizz Frizz
Me llamo Mizz Frizz. La gente me ve como una mujer insensible, desprovista de todo sentimiento. Y no se equivocan del todo. No conozco el significado de la palabra piedad. La desgracia ajena me deja completamente indiferente... Sin embargo, lo que no saben es que yo no he sido siempre así. En otro tiempo estuve casada...
Mi esposo era un alquimista estupendo, un xelor llamado Víctor Frizz. Lo amaba perdidamente. Hacía que mi corazón latiera tan fuerte como las pulsaciones de un dofus. Pero era un hombre frío y severo. Estaba obsesionado con sus investigaciones y pasaba la mayor parte del tiempo en su taller, realizando experimentos de los que yo no tenía ni la menor idea.
Nunca me tocaba, siempre me miraba de arriba abajo con su mirada helada, como si le molestara cada vez que le pedía un poco de atención. Terminé resignándome. Me decía a mí misma que estaba casado con su trabajo y que, en realidad, en su corazón de hielo nunca habría lugar para una mujer.
Pero me equivocaba.
Una noche, al bajar de improvisto a su taller, lo sorprendí en compañía de otra. Era una anutrof, ¡una anutrof con dos pelos y medio en el coco! A juzgar por el atormentador que salía de su bolso, seguro que era una de esas personas un poco inestables que de vez en cuando se visten con el traje de Caballero Negro.
Cuando vi a esa mujer calva, sonriente, con sus calzas negras y su lamentable capa, abrazando a mi marido; mi corazón dejó de latir y mi sangre se heló.
Un frío mortal y devastador se apoderó de mí y me hizo perder la razón. Sin pensarlo, salí de mi escondite e invoqué una horda agujas buscadoras que se abalanzó sobre la pareja. Como estaban tan atareados, los dos culpables no tuvieron tiempo de darse la vuelta y mis agujas les atravesaron completamente. como siempre lo fue con Víctor.
Al principio, me sentía destrozada por el dolor de haber sido traicionada, pero rápidamente me di cuenta de que sentía también un extraño alivio. Como si me acabara de liberar de una carga que arrastraba desde hace mucho tiempo. En ese momento, decidí empezar de cero y abandonar el lugar donde el amor me había cegado durante demasiado tiempo. Empecé a hacer las maletas y, al poco rato, me encontré con los preciados documentos de mi difunto "querido y cariñoso esposo".
Fue así como descubrí el objeto de su investigación, lo que le había obsesionado durante todos estos años: ¡la fórmula de un líquido de remojo, destinado a forjar un acero revolucionario!
Armada con este preciado descubrimiento, me fui sin mirar atrás, decidida a rehacer mi vida y a nunca más mostrarme débil. Quería sacar provecho de la fórmula de mi difunto marido, así que me dirigí a Pandala con el fin de encontrarme con Hotari Honza, el gran maestro forjamago. Pasé varios meses con él, como su discípula. Aprendí a forjar temibles armas y a manejarlas siguiendo técnicas ancestrales de artes marciales.
Juntos, experimentamos las propiedades del líquido de remojo y su increíble capacidad para helar el acero, volviéndolo más duro que el diamante. Gracias a la investigación, conseguí forjar una aguja tan rígida y afilada que ¡podría haber cortado en pedacitos al propio dios Xelor!
Desgraciadamente, cuando le estaba dando el toque final a mi mortífero instrumento, Hotari Honza resbaló accidentalmente sobre una piel de larva y derramó un frasco del precioso líquido. Este me salpicó en la cara y mi ojo izquierdo quedó completamente cubierto de escarcha. Al quedarme tuerta, decidí continuar con mi camino y maté sin escrúpulos a mi gran maestro.
Más tarde me enteré de que un noble extranjero, llamado Kontatrás, buscaba artesanos innovadores para su proyecto. No tenía nada que perder y necesitaba cambiar de aires. ¡Quizás era la oportunidad para convertirme en alguien importante!
Con un poco de sensatez, encontraría la manera de volverme imprescindible para el conde y me haría un hueco en las altas esferas de la aristocracia. ¡Me convertiría en una verdadera lady! ¡En una lady helada! ¡Una lady hela-da-da!
Frigost me llamaba... Frigost me esperaba... ¡Lady da-da ya estaba en camino!