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Tercer villancico de Nawidad

por Carol Nawidad518 palabras
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El monstruo del que trata el primer villancico de Nawidad no fue el primero en causarle problemas a Nicolás Nawidad. Sin lugar a dudas, habrás oído hablar del terrible Papa No-es.

Esta criatura, que es de la misma calaña que Chanta Klaus -tiene un apetito gigantesco y un cerebro inversamente proporcional-, ya había intentado en varias ocasiones atacar a los niños que iban a visitar a menudo el taller de Nicolás. Papa No-es se escondía bajo la escalera o en las esquinas oscuras de la fábrica de juguetes, y también detrás de las máquinas de hacer regalos. Los duendes siempre daban con él, y no les gustaba nada. Hay que decir que no tenía ningún sentido del humor.


Nicolás había intentado hacer entrar en razón al monstruito, pero bueno, era como hablar con un yopuka... Ni los caramelos que le daban para que se calmara un poco parecían tener efecto. A pesar de las múltiples advertencias, Papa No-es siempre volvía al ataque, atraído por la carne fresca.


El obrero Duembio, que como el resto de los duendes era vegetariano, se empeñó en hacer que el monstruo cambiara de régimen alimenticio. Lo intentó todo: la sopa de cebolla, de calawaza, de espinacas, de puerro; la ensalada de remolacha, de rábanos, de zanahowias; los champiñones rellenos a la Noken, el pan relleno de picatostes, las almendras especialmente saladas. Pero nada funcionó, y las cosas acabaron mal para Duembio, que un día no se presentó al trabajo. Muchos piensan que se lo comió Papa No-es. Otros que, a fuerza de andar con el monstruo, empezaron a gustarle las hamburguesas de niños, y que se fue a la Feria del Trool para ingurgitar todo el día los platos casi equilibrados de Maxims.


Puesto que todos los intentos de calmar al monstruo fallaron, Nicolás se vio obligado a utilizar la artillería pesada. Con la ayuda de un cazador, que andaba de paso y que no le temía a nada, salvo a las araknas, preparó una trampa para capturarlo, pero la red no era lo suficientemente fuerte para retener a Papa No-es. Por eso, Nicolás acabó por encerrar la incorregible bestia en su sótano, donde permaneció durante largos años... hasta que la casa cambió de propietario.


El nuevo dueño, no era otro que el siniestro Chanta Klaus, y tuvo la mala sorpresa de descubrir a un inquilino complicado cuando se instaló en la antigua casa de Nicolás. Papa No-es era el más fuerte de los dos monstruos, y terminó por expulsar a su competidor y tomó posesión de la casa.


Vencido y humillado, Chanta Klaus tuvo que buscar otro lugar donde vivir y acabó en una caverna de hielo. Desde entonces, prepara la revancha para vengarse de la bochornosa afrenta... Pero para darle vueltas a su venganza siempre es mejor hacerlo con la barriga bien llena. Así que el ogro también se preocupa por llenarse el estómago, cosa que no es fácil cuando está uno exiliado en medio del océano.

En cuanto a Papa No-es, está decorando la casa a su gusto, y torturando sin dudarlo a los pobres peluches que los duendes abandonaron...

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