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La Leyenda de Rykke Errel

El Bravo, la Bella y el Dragón

por Fecalina, la Sabia436 palabras
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Querido lector o lectora que hojeas estas páginas, no te retendré más que unos instantes, el tiempo de contarte una antigua leyenda... Para el que sabe leer entre líneas, este relato le dirá mucho de la historia del Mundo de los Doce...


Hace ya mucho mucho tiempo, es decir, mucho antes del pacto entre los dioses y los demonios, un dragón llamado Bolgrot llegó a Amakna, la Eterna. El joven Rykke Errel, un yopuka intrépido, fue el único con suficiente valor para plantarle cara a la criatura.

En lugar de hacerlo polvo (y «hacerlo polvo» se queda corto para lo que podía haber hecho), el dragón se inclinó delante del joven paladín y le juró fidelidad.

Los meses pasaron. Los dos amigos se paseaban por los campos, pasaban el tiempo en Amakna gastando bromas, degustaban cervezas fresquitas en las terrazas, algo que todos creían que era un espectáculo digno de ver, ya que de costumbre los paladines y los dragones no pierden una ocasión para matarse los unos a los otros por conquistar una damisela (aunque el paladín la prefiera virgen, y el dragón sangrienta).


Como es normal en los cuentos, Rykke, además de joven, era bien parecido. La historia no dice si era rico, pero imaginamos que era todo menos un pordiosero de baja estirpe. Bueno, pues encontró a Helsefina, una maga también bella y joven, y se enamoró perdidamente de ella.

Desgraciadamente, ¡no vivirían felices ni comerían perdices! En este mundo hay justicia, júzgalo por ti mismo:

Rykke, que fue con toda su ilusión a presentarle su prometida a su amigo Bolgrot, no podía imaginar lo que iba a ocurrir: el dragón loco (¿de ira o de celos?) mató a la dulce Helsefina y se fue volando destrozando todo a su paso algo que fue bastante desagradable para los vecinos. Rykke se lanzó entonces en busca del dragón. Cuando lo encontró, los dos antiguos amigos se enfrentaron en un combate titanesco. Las armas y la magia de Rykke consiguieron acabar con Bolgrot. Pero, al estar mortalmente herido, el joven murió poco después.


Esta historia tiene un desenlace un poco extraño... Intentando averiguar el brote de cólera de Bolgrot, los sabios de Amakna encontraron en las entrañas de la bestia seis huevos con extraños colores: ¡auténticos huevos de dragón! Los sabios tenían la intuición de que estos huevos proporcionaban a su predecesor una potencia tal que hacía de él un igual a los dioses... Y tomaron la decisión de ocultar estas terribles reliquias a los ojos del mundo.

Durante los siglos que siguieron, guardaron tan bien el secreto que todos acabaron por olvidarlos... ¡o casi!

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