El don de Nawidad
1er concurso de cuentos de Navidad 2004.
Hace mucho tiempo, en un remoto lugar cuyo nombre nadie quiere recordar, existía una diminuta aldea.
Sus habitantes, unos humildes campesinos fecas, se preparaban para vivir el invierno más terrible que habían conocido hasta ahora. Aquel año, el frío se había instalado mucho antes y era mucho más intenso que los años anteriores. Los árboles de los bosques de los alrededores ya llevaban cierto tiempo cubiertos por una espesa capa de nieve.
No hubiera resultado tan terrible si solamente se hubiese tratado del frío, por muy mordaz que este fuera. Los fecas de aquella comarca eran precavidos y trabajadores pues cada año llenaban granjas enteras de grano y de víveres para pasar la temporada sin demasiados problemas. Aunque el invierno en aquellas tierras era particularmente duro, nunca nadie se quejaba ya que la vida estaba muy bien organizada.
Desafortunadamente, aquel año la cosecha había sido muy escasa, aunque se había conseguido bastante comida y madera pasar un invierno al calorcito y sin pasar hambre.

Pero como si aquella cosecha fuera una señal anunciadora de la verdadera desgracia que se perfilaba, se podía ver en todas las caras cierta preocupación.
Cómo les hubiese gustado equivocarse... Pero aquella noche fue terrible. Se podían oír horribles aullidos. Primero se pensó que eran lobos ya que a menudo se podían ver en aquellas tierras, pero la potencia de los alaridos, entrecortados por siniestros gritos que se parecían a una risa macabra, no dejaba lugar a ninguna duda. Un milubo andaba por los alrededores del pueblo.
Entonces se reunieron todos los habitantes en el gran edificio donde se encontraba la sala de fiestas del pueblo. Todos pasaron la noche más horrible de sus vidas. Los padres intentaban tranquilizar a sus mujeres e hijos pero en sus ojos se podía ver que también estaban aterrorizados.
Pero lo peor estaba por venir. Cuando cesaron los aullidos en el albor, los cazadores más valientes del pueblo salieron para presenciar un espectáculo que jamás olvidarían...
Decenas de cuerpos de lobos destripados y otros animales del bosque se hallaban en la plaza del pueblo. Una verdadera visión de horror, incluso para los corazones más endurecidos.
Y, sin embargo, eso no fue todo... Las granjas que contenían los víveres para pasar el invierno habían sido saqueadas y quemadas. Todas sin excepción. No quedaba ni un solo grano para alimentar a los habitantes...
Después de haber limpiado la plaza, el pueblo volvió a sumirse en una calma relativa. Una siniestra calma.
Se convocó una reunión extraordinaria y los sabios decidieron enviar a un grupo compuesto por los mejores guerreros del pueblo a pedir ayuda a la ciudad más cercana. Se encargarían de contratar a mercenarios para que vinieran a buscar a los habitantes y llevarlos lejos, lo más lejos posible.
Aquella expedición hubiera sido exitosa si la mala racha no se hubiese empeñado en perseguirles. Como esperaban todos en aquel grupo: el milubo los encontró. El combate hubiese sido fácil de ganar si solamente se hubiese tratado de un milubo pero en vez de eso eran tres, y de los enormes, a los que se enfrentaban. El combate fue breve, los tres milubos derrotaron a los pobres fecas sin la menor dificultad...
Solamente hubo un superviviente. El más joven cuyo nombre la leyenda no retuvo. Muchas horas después de que los milubos los dejaran muertos o casi, el joven cazador consiguió levantarse apoyándose con un sencillo bastón y caminó hasta que cayera la noche. La providencia le condujo hasta la puerta de una cabaña perdida en la parte más profunda del bosque; nunca había visto esa casa antes. Golpeó levemente la puerta con el pomo de su bastón.
Un viejo anutrof, todo vestido de blanco abrió. Enseguida se dio cuenta de que el joven feca estaba agonizando y le trajo agua y pomadas curativas. Este le contó su historia antes de morirse en los brazos del viejo anutrof.


Antes de irse a dormir, el viejo ermitaño llamadoNawidad enterró al joven feca. Pasó una noche muy agitada y no conseguía conciliar el sueño. Sabía que nadie en la comarca se atrevería a formar un grupo para llevarles víveres a los pobres fecas ni para ir a socorrerlos. Sin embargo, no podía quedarse con los brazos cruzados dejando morir a tantos niños y mujeres.
Al amanecer, se levantó, llenó su trineo de víveres y unció a sus dos tabis blancos: Reynes y Rudolf. Cogió todo aquello que le había llevado una vida acumular, lo suficiente para alimentar a un centenar de personas durante un año.
Jamás se dio la vuelta para mirar hacia atrás y ver su casa volverse cada vez más pequeña.
Por la noche, el trineo llegó a la plaza del pueblo.
La decana del pueblo, la mujer más sabia que se haya conocido desde varias generaciones se acercó con precaución.
Descubrió entonces a un anutrof que llevaba prendas de color rojo carmín, totalmente manchadas de sangre. El valienteNawidadse murió en sus brazos explicando lo que les había traído. Ante este gesto, la donación más hermosa que se haya visto, el pueblo lloró durante una semana entera. Todos sobrevivieron gracias a los víveres que el buen anutrof les había traído.
Al llegar la primavera, los milubos se habían marchado y todos se pusieron en marcha para dejar aquel pueblo lleno de recuerdos muy dolorosos.
Contaron su historia y el sacrificio del venerable Nawidadpor todos los pueblos donde pasaron. Todos los que la escuchaban acababan llorando. Y desde entonces, cada año en esas fechas, se celebra la memoria de aquel noble anutrof haciendo regalos a los necesitados, a la familia y a los niños.
Incluso hay gente que asegura que una noche, todos los años en la misma época, ven pasando por el cielo un trineo llevado por dos tabis blancos con un anciano vestido de rojo y que por la mañana los jóvenes y las personas más pobres reciben montones de regalos.