La fuente de la juventud
Los viejos sabios y cuentacuentos de los pueblos cercanos al archipiélago de las Escamas suelen hablarles a los niños que se portan mal de una oscura historia que se murmuraba por el bayou.
Esta historia trata de un cruel cocodrail que sembraba el terror y la destrucción en el bayou. Tras su camino, solo se distinguía la sangre y el caos que dejaba el cocodrail. La triste agonía de sus víctimas seguía resonando mucho tiempo después de su paso entre los anchos troncos de los mangles.
Las masacres se perpetraban por la noche, y el cocodrail encontraba refugio en un rincón del bayou del que los más inconscientes que se habían atrevido a aventurarse en él jamás habían vuelto. Se decía que allí se encontraba una fuente mágica que le permitía al cocodrail conservar por siempre su vitalidad. Era una agua con unas propiedades poderosas de la que el cocodrail bebía cada noche.
Los habitantes, atemorizados por el legendario cocodrail, iban cada día, al ponerse el sol, a dejar una piraniak delante del antro del cocodrail. El pescado, sacado de las aguas sanguíneas del bayou, solía contentar al cocodrail, por lo que los habitantes evitaban una masacre.
Un día, un intrépido vecino afirmó que iba a expulsar a la bestia de su antro. Cuando volvió al pueblo, contó que había encontrado la fuente mágica. Estaba casi vacía, y en el centro de su cuenca se encontraba un lagarto que le hubiera cabido en la mano al vecino. El lagarto, atemorizado por el vecino, se había escondido corriendo en el bayou.
¿Se habría bebido el cocodrail toda la fuente y el destino se habría vuelto en su contra? Nadie lo sabía, pero los lugareños dejaron de dejar piraniaks en el bayou y jamás volvieron a oír hablar del terrible cocodrail.