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Dofus Touch

La Torpe Gesta del Caballero de Astrub

Capítulo CXXXVII: El Dofus de los Hielos

por Autor anónimo599 palabras
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Elhoy Gan había recorrido el Mundo de los Doce de arriba a abajo, para delante y para atrás, incluso a la pata coja, desde la cuna de Tainela hasta el rincón de los tofus y desde la linde del bosque hasta las calas de Astrub. Su obsesión por los dofus crecía, llegando a ser más fuerte que la propia razón. ¡Los quería todos! No solo los seis ligados a los elementos, sino ¡todos los dofus engendrados por los dragones! Bueno, lo que pasa es que para los seis, no tenía suficiente nivel.

Por el momento solo tenía uno (un dofus, no un nivel...), pero no era uno cualquiera, se trataba del dofus Ébano. Pagó 10 000 kamas en el mercadillo de Astrub. ¡Qué suerte! Se reía solo con pensar en el pobre vendedor que no tenía ni idea del valor de esta reliquia.


Y resulta que la suerte le volvía a sonreír: en unos minutos, estaría en posesión del valioso dofus de los hielos. Se acordaba de las palabras del anutrof: «¡Lo que yo te diga! Un huevo grande, helado, en el fondo de la galería, y que late como... como el corazón de un jalató recién arrancado. Eso no se puede dejar allí, ¡un chisme así va a traer mal fario en la mina! Como te interesa, te puedo decir el sitio en donde está a cambio de un puñado de kamas. A ti te viene bien y a nosotros nos quitas un estorbo ».

Elhoy Gan solo estaba a unos pasos del lugar que le había indicado el viejo chocho. Armado con su espada de maderucha, había acabado con todos los tofus enfermos que se ponían en su camino, pero empezaba a perder las fuerzas... Débil, agotado, entumecido por el frío, estaba a punto de derrumbarse cuando, de repente... lo vio.


El dofus de los hielos estaba encajado entre las estalagmitas (que van hacia arriba) y las estalactitas (que van hacia abajo) e iluminaba la caverna con su aura. El fruto helado de las entrañas de Aguabrial estaba allí, a su alcance, y sin ningún monstruo horrendo de cuatro patas, cuatro cabezas y dos tentáculos que lo custodiara.

Cuando salió de la mina, Elhoy Gan era un yopuka nuevo. Se podía percibir a 200 kámetros a la redonda que era el cabecilla de Astrub, el que había conseguido reunir dos dofus... Orgulloso de sus logros, pasaba las horas paseándose por las calles de la ciudad, y cuanto más se paseaba, más lo miraban. Los hombres fruncían el ceño al verlo y las mujeres se aguantaban la risa tapándose la boca con las manos. Por fin se admiraba a Elhoy Gan en su justa medida, al menos es lo que él pensaba, ya que las miradas convergían, en realidad, en la mancha húmeda y marrón que crecía en su pantalón.


Fue al palpar su bolsa para asegurarse de que sus tesoros estaban aún a buen recaudo que Elhoy Gab se dio cuenta de su gran yopukada: el supuesto dofus de los hielos se había fundido como la nieve bajo el sol. Y es que claro, estaba esculpido con nieve... Y hacía un calor tremendo para aquel mes de aperirel. La consecuencia fue que la pelota de boo de la que estaba compuesto el dofus Ébano se reblandeció al contacto con el agua. De los dos huevos solo quedaba un charco fangoso.

Por su parte, el anutrof estaba muy contento de su semana: dos falsos dofus encasquetados al mismo cliente, es lo que podría llamarse «un golpe maestro». ¿Quién ha dicho que ser un artista no da de comer?

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