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Los Profetas, los Cultos, la Fe

Soy un místico y a mucha honra

por Acidrik Rasgapanza907 palabras
100%

Los profetas



Si pudiéramos escuchar lo que pasa por la cabeza de los profetas, descubriríamos un auténtico torbellino de mensajes. Sin duda, han ido más allá de la etapa institucional. Son auténticos adictos a los signos. Abren un grimorio al azar y hallan una respuesta a sus preguntas. A veces es un wauwau el que te muestra el camino. ¿Deseos satisfechos al momento? ¿Suerte? Cualquier filósofo puede decirte que la suerte no tiene nada que ver, que las coincidencias no existen. El profeta jamás da las gracias a la nada. Y el dios se engrandece: cuando enciende una vela sagrada, cuando quema incienso, está alimentando a su dios. Y cuando hace una ofrenda o erige un túmulo, entonces el dios se muestra en todo su poder. En su cabeza retumban voces, es el momento decisivo. El profeta predica a la mínima ocasión, y muchas veces se convierte en mártir, pero ha transmitido su fe cien veces. Y con eso basta.


Al principio, el dios no se separa ni un milikámetro de los nuevos conversos. Escucha sus ruegos y complace sus deseos raudo y veloz. Y con el tiempo, su poder va creciendo...


El mundo y los dioses



El relato de los libros de los ancianos no podría ser más cierto: desde su creación, el mundo recibió el favor de diez dioses. Y lo cierto es que no veo por qué tendría que ser de otra forma: a juzgar por las palabras de un viejo sabio, los dioses tienen motivos para actuar así, pues aunque normalmente los dioses del universo conviven sin tensiones, no dudan en pelearse cuando se trata de captar nuevas almas para que les rindan fidelidad y devoción... Además, un mundo recién nacido es un lugar de lo más atractivo para un alma, y no resulta extraño que almas ancestrales decidan rencarnarse en él, a menudo conservando plenamente la conciencia de sus vidas pasadas. Y por este motivo nuestro mundo, aunque joven, ha sido escenario del nacimiento de guerreros habilidosos y valientes, de alquimistas y de forjamagos que dominan su arte, seres excepcionales cuyas gestas y leyendas se escuchan todavía hoy.


Los cultos y la fe



En el principio del mundo, los cultos eran mucho más numerosos que hoy. La fe en un dios único estaba muy extendida incluso entre magos y sacerdotes.


Y aquí me permito abrir un paréntesis para hablar de la fisonomía de los seres que pueblan nuestro mundo. ¡Caramba! Si has llegado hasta estas líneas, sin duda también te has planteado preguntas sobre este punto: ¿por qué los ocras tienen las orejas puntiagudas? ¿Y por qué los osamodas tienen una cola ahorquillada? ¿Y los sadidas una cabeza tan frondosa? ¿Por qué los taberneros son tan gordos, y por qué no tienen los mismos rasgos que un sram o un xelor? En lo que respecta a la corpulencia del tabernero, algo me dice que los excesos de cerveza tienen algo que ver. Sin embargo, quedan muchas otras preguntas en el aire.


Algo es seguro: aquí, y lo mismo vale también para el resto del universo, la fe condiciona el aspecto de los seres. Sin duda, la fe que un alma deposita en una divinidad influye en su envoltorio carnal, que acostumbra a adoptar las características (físicas y de comportamiento) de la divinidad venerada.


Seguramente alguien podría objetar: ¿y qué hay de los vínculos de parentesco? Es terriblemente sencillo: si se unen dos fieles de cultos diferentes, no tendrán hijos en el sentido biológico de la expresión: sus descendientes serán más bien hijos e hijas espirituales. Dicho de otra forma, un alma que sienta afinidad por los valores de la pareja podrá decidir convertirse en su hijo o hija. Y aquí debemos tener presente que un alma encarnada tiene la opción de convertirse en discípulo de un dios o bien de darse un tiempo de reflexión sobre su fe. Si opta por esta segunda opción, se encarna en una forma humanoide. El pequeño tiene la opción de convertirse en fiel de uno de los dos dioses o bien de seguir siendo ateo: en este caso, conserva su apariencia humanoide. Un alma que decida encarnarse en un linaje ancestral de yopukas abrazará la fe yopuka y cobrará el aspecto de un auténtico yopuka joven.


En cambio, un alma que decida encarnarse en un largo linaje de taberneros tendrá toda la adolescencia por delante para elegir a qué culto desea dedicar su vida terrenal. Esta posibilidad de elección termina con la pubertad: una vez desaparecen las oleadas de hormonas espirituales, ya no es posible abrazar un culto, salvo conversión milagrosa reconocida por el mismísimo dios.


Un sinfín de veces he escuchado esta pregunta: Acidrik, ¿dónde nacemos? Y yo siempre respondo que depende de la elección del alma... De si decide encarnarse en un huevo para salir luego del cascarón, en un nido de prespics, en una rosa demoníaca... ¿Qué sé yo? ¡Lo más importante es que los seres nazcan!


Adorar a su dios



Los fieles que quieran rendir culto a su dios sin duda podrán hacerlo si se dejan caer por la ciudad de Astrub. Allí, a los pies de su dios, podrán depositar sus ofrendas. Incluso podrán hacerlo en uno de los templos de Amakna. ¡No es necesario derrochar en lujosos regalos! Para complacer a tu dios, debes pensar en el don que en su día entregó al mundo y ofrecerle aquello que existe gracias a él. ¡Es sin duda la compensación más justa!

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