Trozo de pergamino
Los capítulos se sucedían ante sus ojos maravillados, las palabras se encadenaban a una velocidad increíble y las páginas pasaban con un gesto enérgico y preciso. Nuestro héroe estaba ensimismado en su lectura, como si estuviera atrapado en el agitado corazón de un tornado, sin poder escapar. El corazón le dio un vuelco cuando descubrió las líneas que hacían referencia a la receta de la pócima. La sorpresa y la desesperación se apoderaron por completo de él cuando descubrió las páginas desgarradas y arrancadas en lugar de la receta tan deseada. No quedaba nada de aquellas líneas. Nuestro héroe, muy apesadumbrado, dejó el libro abierto y ya se disponía a abandonar su búsqueda cuando se dio cuenta de que había algunas palabras inscritas en una página virgen de la obra. Las palabras aparecían y componían oraciones que, al final, resultaban ser una serie de indicaciones.
«Desde hace siglos y siglos, alquimistas procedentes de todo el Mundo de los Doce han trabajado en esta pócima capaz de conceder una gran reputación. Si las palabras de todos los dialectos e idiomas deseas comprender y aprender sin dificultad, recompón este capítulo encontrando las páginas perdidas en los lugares donde el silencio y el saber son los soberanos. La perseverancia y la valentía serán tus mejores aliadas en esta búsqueda».
Nuestro héroe releyó aquellas palabras, las copió con atención y guardó el pequeño pergamino en su bolsa, listo para seguir el camino de la aventura y lleno de emoción. No sabía cuándo, pero daría con aquella receta antes o después. Nuestro héroe se preparó con precaución para la larga aventura que lo aguardaba. Solucionó algunos trámites y se despidió de su familia y de sus amigos, a quienes creía que no volvería a ver hasta que pasaran unos años.