Nota

¡Qué sensación tan extraña! Todos estos recuerdos... Por fin me acuerdo de la diosa... Tú le robaste su sitio, haciéndote pasar por nuestro padre... ¡Solo eres un impostor!
Todo está más claro.
He descubierto que este mundo está poblado. Incluso he conversado con habitantes de esta comarca, a la que llaman «Frigost».
Existen los dioses, estoy en su reino: ¡el Mundo de los Doce dioses! Tienen muchos discípulos, no todos son muy listos, dicho sea de paso. Los brutotes con espadas se llaman yopukas; los melenudos, sadidas; Y los vejetes cuyos ojos brillan a la vista del oro, anutrofs.
Recientemente he conocido a un discípulo del dios Xelor. Es un tipo bastante raro. Puede controlar parcialmente el tiempo... Quizás sepa explicarme por qué llegué aquí... Y hasta podría ayudarme a volver a casa. Quizás...
Sí, porque no me olvido ti... Baltazar. Tú y yo tenemos que ajuslas cuentas.
El xelor se hace llamar «conde Kontatrás»... Parece que es alguien importante aquí.
El conde sabe mucho de este mundo, y yo cada día aprendo un poco más... Me cuesta hacerme a todo esto.
No sé si puedo confiar en el conde. Él está convencido de que vengo de otra dimensión. ¿Y si fuera verdad?
Me ha hablado de uno de sus inventos, una máquina para manipular el tiempo. La llama «su juguete» y cree que puedo ayudarle a repararla. Para él, yo soy «el eslabón que le faltaba en su comprensión del espacio-tiempo». A mí todo eso suena a chino, pero ha prometido que podrá llevarme de vuelta a mi mundo si le ayudo. No tengo muchas más opciones si quiero volver a casa...
Aparte de esto, los recuerdos siguen surgiendo...