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Dofus Touch

El dado de Zurcarák

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Zurcarák reina en el azar, la suerte, el karma y el destino.

En su residencia de los confines de Inglorium, el Rey de la Fortuna se entrega a juegos extraños, haciendo las apuestas más insensatas o desafiando a otros dioses en torneos de reglas abstrusas.

Se cuenta que, durante una velada en la que el néctar divino fluía a raudales, Zurcarák comenzó una larga partida de cartas contra la Gran Osa Espumosa, la diosa Pandawa. La apuesta era de gran nivel: el perdedor debería pagar haciendo algo que el ganador eligiera. Puesto que se trata de dioses con poderes colosales, un favor tiene un valor inestimable, muchísimo más grande que cualquier bien material.

Cuando la partida llegaba a su fin, los dos adversarios estaban empatados. La última mano iba a ser la decisiva.

Una vez se hubieron distribuido las cartas, Zurcarák y Pandawa reflexionaron a sus jugadas, impasibles. Después, la diosa mostró sus cartas: un trío de reinas, tres cartas de idéntico valor. Zurcarák se atusó el bigote, como si dudase. Fue entonces cuando tiró un dado a la vez que murmuraba entre dientes «pares, yo pierdo; nones, ella gana». El dado rodó fuera de la mesa y desapareció entre las volutas de humo que envolvían la sala de juego. Zurcarák adoptó una expresión indescifrable durante unos instantes, y luego pareció vencido. Tiró al aire sus cartas: un cinco de picas y un dos de tréboles aterrizaron en la mesa, las otras tres cartas se desvanecieron.

¿Realmente perdió el Gran Chancero aquella noche? Solo aquellos que encontraron las cartas desaparecidas podrían responder a esta pregunta...

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