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La Leyenda de Cocoburio

La espada de Cocobur

por Totolo1,057 palabras
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Hace mucho tiempo, existieron los cocodrails, uno de los pueblos más peligrosos del Mundo de los Doce. Estas criaturas bajaban a menudo hasta los pueblos para raptar a los seres más vulnerables. Cuando regresaban a sus cuevas, se apresuraban a comérselos.

Todos aquellos que sobrevivieron a aquella época te lo podrán decir, los cocodrails se merecían sin duda alguna su posición en los más elevados escalones de la cadena alimenticia.


Pero a pesar de su relativa inteligencia, los cocodrails no dejaban de ser seres primitivos. Eran incapaces de organizar un asalto, llevar a cabo ataques de envergadura, y seguro que les hubiera resultado completamente imposible poner en peligro a un pueblo de gran tamaño. Otros relatos sostenían que no siempre había sido así, pero se consideraban historias para asustar a los niños.

Un día nació Cocoburio, hijo de Grugalorasalar, el Oscuro, un dragón negro que se enamoró de la belleza reptiliana de Cocabulia, la madre de Cocoburio. Este nacimiento contra natura, que solo fue posible gracias a los maléficos poderes de su padre, tuvo graves consecuencias para la manada.

Normalmente un cocodrail alcanza su edad adulta a los 3 o 4 años, pero Cocoburio, con tan solo unas semanas de vida, ya había matado a todos los demás machos de la manada.

La primera consecuencia imprevista de esta masacre fue el cese de las incursiones en los pueblos de los alrededores. Los bardos se equivocaron al componer sus odas acerca de los héroes que -según lo que se pensaba- habían entregado su vida para eliminar esta amenaza. Pero el respiro duró poco tiempo.


Cinco años pasaron sin que los aldeanos se preocuparan por los cocodrails. Fue un período apacible y agradable, pero como todos estos períodos, solamente podía dejar entrever que sucederían cosas todavía más horribles.

Cocoburio, que entre tanto había llegado a edad adulta, tenía, según parece, un plan... cosa muy rara en un cocodrail. La esencia dracónica que corría por sus venas le confería una inteligencia, una fuerza y una vitalidad increíbles, pero sobre todo una inquietante ambición. Durante meses, Cocoburio se había apareado con todas las hembras de la manada, las cuales le dieron hijos tan crueles como su padre y dispuestos a seguir cualquiera de sus órdenes.

No obstante, Cocoburio sabía que le faltaba una cosa que sus poderes no podían darle. En el este, los héroes de Amakna disponían de armas terroríficas, capaces de vencerle a él y a sus hijos. Entonces decidió hacerle una visita a su padre, Grugalorasalar.


Los dragones no tienen fama de ser muy buenos anfitriones, incluso cuando se trata de su descendencia. De haberse tratado del antro de un dragón cualquiera, Cocoburio habría pasado un mal rato.

A Grugalorasalar le sedujo el odio en los ojos de su hijo como también le sedujo en su día la belleza de la tenebrosa Cocabulia. Se quedaron mucho tiempo en una gruta fría y húmeda mirándose. Se entendían sin decir una sola palabra, e incluso si ninguna de las versiones de esta leyenda revela lo que Cocoburio le prometió a su padre, sabemos que fue ese mismo día que recibió la mítica espada Cocoburia.

Esta espada forjada en el fuego de un volcán no solo era una verdadera obra de arte, sino también un arma mágica con poderes devastadores. Grugalorasalar utilizó las brujerías más oscuras para reforzar esos poderes; en la hoja de Cocobur se grabaron unas runas de protección y en su empuñadura se engarzó una gema regeneradora para garantizar a su portador una longevidad sin fisuras.


Tras este encuentro, el dragón negro, aniquilador de vidas, plaga infernal de los seres vivos, se había transformado. Loco de orgullo y de afección por su hijo, vigilaba desde lejos sus actos, apareciendo cuando Cocoburio atacaba a alguien más fuerte que él, cuando caía en alguna trampa o cuando era víctima de una traición.


Este amor, cada día más fuerte, no tenía explicación, sobre todo por parte de una criatura tan oscura como un dragón negro. Sin duda, el aspecto único de Cocoburio y su odio devorador era lo que tanto le gustaba a su padre. Más tarde, cuando Cocoburio devastó y tomó el control de las «Tierras Verdes», el dragón negro ayudó a escondidas a su hijo y le ofreció sus preciosos consejos.

El territorio de Cocoburio se agrandó y alcanzó las fronteras de Amakna, y muchos creyeron que era el fin del mundo civilizado.

Ninguno de los héroes que se presentaron ante él pudo rivalizar con el terrible jefe de guerra. Destruyó múltiples pueblos, esclavizó a sus habitantes y se disponía a ir a Bonta cuando el destino le jugó una mala pasada.


Un gran dragón blanco llamado Crulaklakoss ya llevaba un tiempo pensando en ocuparse de Cocoburio y, sobre todo, llevaba miles de años vigilando a Grugalorasalar.

En realidad, los dragones no suelen preocuparse por las demás razas, y su destino les interesa muy poco, ya que los consideran tan inofensivos como los de los tofus. Sin embargo, los dragones negros y los dragones blancos se odian infinitamente, y los tesoros de los unos no dejan nunca indiferente a los otros.

Cuando Cocoburio y Grugalorasalar se dispusieron a asaltar la gran Bonta, el cauto y calculador Crulaklakoss se les echó encima y atacó directamente al dragón negro.

El combate entre los dos monstruos de escamas fue horrible y causó una verdadera masacre en las filas de los cocodrails.


Los caballeros y defensores de la ciudad, que creían recibir la ayuda del dragón blanco, se lanzaron a la batalla, anunciando el fin del ejército de reptiles.

Cocoburio fue atravesado por todas partes por las flechas de los arqueros de Bonta. Cayó, herido de muerte, llevándose con él a decenas de enemigos.

Grugalorasalar, al ver a su hijo vencido, se distrajo una fracción de segundo. Momento que el dragón blanco aprovechó para asestarle un golpe fatal. Grugalorasalar cayó con estrépito y su enorme cara quedó delante del cuerpo inerte de su hijo.

Hoy en día, los ancianos siguen contando que, por primera vez en la historia de Amakna, vieron algo extremadamente increíble por parte de una criatura de alma tan oscura como la planta de los pies de un bwork... Vieron a un dragón llorando en el momento de su muerte. Ese dragón era negro, y su nombre era Grugalorasalar.