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Clonación de especies: el caso de los dragohuevos

por Amelia Moniaco589 palabras
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En la tarea del mantenimiento de diferentes ecosistemas, nuestros alquimistas estudiaron la cuestión de la «clonación de especies». Algunas especies que estaban en vías de extinción tal vez podían salvarse de esta manera: por esa razón, el departamento de Investigación en Alquimia movilizó numerosos recursos para la clonación de células.

El verdadero objetivo de estos experimentos era crear artificialmente animales capaces de reproducirse con especímenes no clonados. Para nosotros, era necesario que la especie no desapareciera, ya que las principales razones de ello no eran naturales. Caza excesiva y malintencionada, furtivismo...


Aquí ilustraremos nuestros éxitos tomando el caso de la especie de los dragohuevos. Estas criaturas, aunque agresivas y peligrosas para miembros que no están listos para vérselas con ellas, son víctimas de robos furtivos de huevos. Los huevos eran robados para fines inaceptables, así que nacían muy pocos bebés dragohuevos. Intentamos clonar dragohuevos gracias a las investigaciones de los alquimistas del gremio y con ayuda del material del rey Allister, en el laboratorio del castillo de Amakna.

La reproducción por clonación comienza transfiriendo el núcleo de una célula de un individuo para sustituir el núcleo de un óvulo tomado de un espécimen hembra. Este nuevo núcleo es incapaz de replicar la mayoría de sus genes, lo que provoca la muerte del embrión. Para que el embrión sea viable, el núcleo debe someterse a una reprogramación, que consiste en eliminar los determinantes de silenciamiento génico colocados en el ADN por enzimas específicas.


Por ello, nuestros experimentos han fracasado en múltiples ocasiones. Tuvimos varios casos diferentes: embriones que no eran viables al nacer, debido a la interrupción de la gestación; dragohuevos que solo vivían unas semanas y no crecían al no poder zafarse por completo de la cáscara, etc.

Tras numerosas y laboriosas investigaciones, hemos conseguido activar la reprogramación de los núcleos celulares y reducir así drásticamente el índice de fracasos. Nuestros experimentos más concluyentes antes de alcanzar la etapa de éxito total fueron los dragohuevos en edad reproductiva liberados en la naturaleza. Desafortunadamente, como los criamos in vitro, esos dragohuevos no eran capaces de defenderse en un entorno natural y hostil. Es común que los dragohuevos, por diversión, sean violentos con sus compañeros. También sucedió que, al principio, los dragohuevos no consideraban a los clones como de los suyos porque estaban hechos de manera diferente o no se parecían exactamente a ellos.


En ese momento, decidimos dejar que los dragohuevos artificiales crecieran en un entorno natural mientras los vigilábamos. Por supuesto, esa etapa tampoco fue fácil: habíamos notado deficiencias en algunos de ellos. Por ejemplo, algunos intentaban comer hierba en vez de carne, lo que no les permitía sobrevivir. Otros eran incapaces de escupir fuego: aunque esto es menos incapacitante, no eran aceptados en la comunidad. Estas observaciones nos permitieron hacerlo aún mejor en las siguientes ocasiones, hasta que muchos dragohuevos clonados pudieron liberarse en la naturaleza como si fueran naturales.

Por desgracia, hay un problema que persiste hoy día y que es difícil de prever. Este problema está relacionado con la consanguinidad: después de varias generaciones, algunos bebés nacen con problemas físicos o mentales que les impiden sobrevivir o ser aceptados en su comunidad.


El gremio mandó, al mismo tiempo, varias tropas de guardas de caza para que las especies proliferaran sin obstáculos. Hoy en día, la población de dragohuevos está perfectamente regulada de forma natural y, gracias a los esfuerzos del gremio in situ, los huevos son cada vez menos víctimas de la caza furtiva. Cada vez son menos necesarios los clones para salvar a esta especie.