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Dofus Touch

El Nacimiento de Bolgrot

Fragmentos Encontrados - Otras Leyendas

por Acidrik Rasgapanza1,276 palabras
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Entre los hechos dignos de mencionarse aquí, hallamos las desventuras de Aguabrial. El dragón del agua estuvo a punto de ser capturado por Djaul. Y esa acción de Djaul habría de tener importantes consecuencias para el destino del mundo.

Diez años habían transcurrido desde la designación de los guardianes para acompañar a Xelor. Y todos desempeñaban sus tareas con el máximo celo. Solo uno vivía corroído por el veneno y la envidia: Djaul, el demonio impuesto por Rushu. Su carácter era belicoso y los demás protectores se limitaban a tolerar su presencia, sin rendirle ninguna muestra de respeto. Brumario era el único que no le lanzaba miradas de desprecio. En cuanto a Maimane y sus invitaciones a la calma, sacaban totalmente de quicio al demonio. El protector de desiembro erraba pues por el Mundo de los Diez en soledad. Cada segundo transcurrido bajo la vigilancia de otro protector no hacía sino avivar su odio. Recorriendo el mundo a lo largo y a lo ancho, llegó a familiarizarse con las costumbres de todas y cada una de sus criaturas.


Gran amante de las almas y de los secretos que estas encierran, nada le satisface más que husmear en las hazañas y las gestas de los demás. Al cabo de diez años, había visto muchas cosas y escuchado más aún.

Amparado en una noche de octobrero de espesa oscuridad, logró infiltrarse en la morada de Aguabrial, el dragón del agua. Rushu, su maestro, le había indicado la ruta que debía seguir para dar con el escondrijo del dragón. Y es que por más que conociese el mundo como la palma de su mano, no había logrado aún descubrir ni uno solo de los famosos dofus de los que su maestro tanto hablaba.

Ocurrió en otoño, con unas lluvias más persistentes de lo habitual. Djaul recorrió la mitad del país para encontrar la cueva de Aguabrial, chapoteando bajo los intensos aguaceros. Penetró en la morada del dragón y esperó horas y horas oculto entre las sombras, entre estalagmitas y sapos azulados. El demonio no perdía de vista el montículo de oro blanco que se alzaba justo en el centro de la cueva, sin quitar ojo al dragón y a sus idas y venidas. Y entonces tuvo la idea de encantar el agua de la lluvia que se discurría por toda la cueva.


Una ondina de silueta voluptuosa surgió de entre las aguas. El demonio la dotó de una belleza deslumbrante. Con un suave parpadeo de los ojos y con el dulce aleteo de sus pestañas logró seducir al dragón azul. ¿Ofrecería el dragón a su amada un huevo sagrado como muestra de su amor, como deseaba Djaul?

Unas semanas más tarde, la paciencia del demonio dio por fin sus frutos. Un resplandor turquesa emanó de una silueta oblonga posada sobre la cima del tesoro de Aguabrial... ¿Tal vez un dofus? Djaul, agazapado a una cierta distancia, no lograba verlo bien. Ayudado por la oscuridad, el demonio se aproximó con sigilo, un poco más... ¡Ahí estaba! ¡El dofus Turquesa! No era ni un dofus blanco ni uno negro, pero bastaba para Djaul. Rushu estaría sin duda satisfecho...

Durante todo un mes, Djaul sirviéndose de la magia de la ondina, esperó pacientemente a que el huevo fuera desarrollando su magia. Para que así fuera, el dragón tenía que mantenerlo siempre caliente con su aliento mágico. Así, sus poderes fueron ganando más y más potencia. Y en lo que respecta a Aguabrial, no pensaba en otra cosa.


El ardid de Djaul habría salido perfecto de no ser por Ereziah Melkewel, un amigo del dragón y alquimista (a la par que excelente exorcista), que metió sus narices donde no debía...

Ereziah vino para pedir consejo al dragón sobre un conjuro acuoso que le planteaba problemas. Al ver allí a la ondina empezó a olerse una trampa demoníaca... La gran belleza de la ondina... Su cabellera castaña y su rostro de finos rasgos, y su tez tan clara como la luna... Sus ojos azules, su nariz traviesa, sus labios nacarados... Y la túnica de lino ceñida que tan bien realzaba su agraciado perfil. Además, era una grandísima cocinera... ¡Por los tres dragones de Osamodas, todo aquello era demasiado bueno para ser cierto! Pero eso no sería suficiente para perturbar a Ereziah. Fingió caer rendido ante la criatura mágica y le prometió ofrecerle una joya «cuyo esplendor solo podrá compararse a tu belleza, Ondina». Asimismo, juró a su amigo que volvería para ver el hermoso dofus y que le concedería un poder mágico.


«¿Por qué no? - pensó Djaul -. Las magias cruzadas de un dragón y un alquimista no pueden hacerle daño. ¡Más bien todo lo contrario! Este dofus será de los más poderosos que se recuerdan...».

Ereziah regresó al día siguiente cargado con un misterioso paquete. Bajo la mirada de Aguabrial, la ondina y Djaul, dejó al descubierto una extraña escultura: cuatro cabezas pegadas con prominentes mandíbulas, que bautizó con el nombre de «las cabezas de clic-clac». Acto seguido, les presentó las cabezas como un mecanismo mágico extremadamente antiguo y digno del mismísimo Xelor, un trabajo de orfebre y de joyero. La ondina, que cumplido un mes de existencia empezaba a mostrar su coquetería, se impacientaba al pensar en el regalo mágico que estaba a punto de recibir.

«¡Ondina, para ser digna de este regalo tienes que parecer más bella de lo que jamás te has mostrado!», le dijo Ereziah.

Y la ondina no tardó en obedecer: con una sonrisa angelical, se envolvió en vapores de agua azulada.


«Serás recompensada, bella Ondina - le dijo Ereziah con un tono de voz suave Pasa los puños entre las mandíbulas mágicas y te ornarán con las pulseras más hermosas que has visto jamás». Y la ingenua víctima mordió el anzuelo: las mandíbulas se cerraron sobre sus delicados puños y sus muñecas recibieron como regalo... ¡esposas y cadenas!

«La particularidad de estas pulseras mágicas - contó Ereziah - es que te impiden absorber la energía que necesitas para vivir. Dime, Ondina: ¿qué, o más bien quién, necesitas para vivir?». Sobre sus rodillas, la ondina intentó mascullar unas palabras, pero las fuerzas le habían abandonado. Aguabrial protestó enérgicamente cuando Djaul, al ver descubierto su ardid, salió de la penumbra y se abalanzó hacia el centro de la cueva. Solo Ereziah se interponía entre él y su destino. Con un gesto decidido, desenvainó su cimitarra, resuelto a cortarle el cuello al exorcista. Y entonces intervino Aguabrial y desvió el golpe de Djaul, cuya cimitarra terminó en el muslo de Ereziah. El dragón, de imponente tamaño, se alzó frente a Djaul. Y entonces el demonio, sabiéndose perdedor, abandonó el dofus y huyó.


El sortilegio de Djaul había quedado hecho añicos y Ereziah estaba herido. Aguabrial, furioso por haberse dejado engañar por un demonio, derramó una lágrima de ira sobre la criatura de Djaul. La bella ondina en realidad no era más que un súcubo agonizante... Aguabrial remató la criatura enviándole un torrente de agua producto de su cólera. Acto seguido, se apresuró a acabar con el dofus: la prueba viva de su imperdonable error. Y mientras Ereziah trataba de hacerle entrar en razón, el dofus empezó a abrirse... La cáscara se rompió en mil pedazos y salió un chorro de vapor azul. Nacía así Bolgrot, que llegó al mundo por las artimañas y la codicia de Djaul.

El dofus Turquesa, que figuraba entre los seis primordiales, estaba sepultado bajo el oro blanco amontonado por el dragón. El huevo se estremeció y su latido empezó a ser más irregular. A partir de entonces, los dofus ya no latirían al mismo ritmo y la armonía dejaría de reinar en el mundo.

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