Diario de un superviviente
18 de desiembro de 654 – 00:27
Agotados por nuestra carrera desenfrenada, optamos por hacer una pausa en una sala de apariencia apacible.
Mientras mi compañero de equipo curaba sus heridas fruto del enfrentamiento reciente, yo preferí recostarme conta una de las paredes de la sala. Apenas había recuperado el aliento, cuando la pared cedió a mis espaldas en un estrépito ensordecedor.
Mi amigo corrió para ayudarme a levantarme. Una espesa capa de polvo recubría la nueva sala, haciendo imposible discernir lo que había por ahí.
De repente, unos enormes ojos rojos atravesaron la bruma y se oyó un rugido. Teníamos que encontrar un escondite deprisa, la criatura parecía mucho más temible que las que nos habíamos encontrado hasta entonces.
Avanzábamos furtivamente pegados a las paredes de la sala, buscando a tientas un lugar para ocultarnos. Localizamos una roca tras la que pudimos encontrar refugio. Desde allí, podíamos percibir un débil resplandor. ¿Sería por fin la salida?
Fue entonces cuando la ficha que había recogido antes se me cayó del bolsillo. Me apresuré a recogerla, pero los ojos rojos de la criatura ya se habían vuelto en nuestra dirección, alertada por mi movimiento. Sus pasos resonaban cada vez más fuerte a medida que se acercaba a nuestro escondite. Estábamos atrapados, ya que su vista se basaba en el movimiento.
Mi compañero anutrof, sacrificando uno de sus preciados kamas, lanzó una moneda al lado opuesto de la sala para distraer al monstruo.
Intrigada por el ruido, la criatura cambió de dirección. ¡Había llegado el momento! Armados de valor, cruzamos la estancia para alcanzar la débil luz que habíamos percibido antes.
¡La salida! ¡Conseguimos escapar de esa pesadilla! Aliviados, nos abrazamos. Tengo que avisar al gremio de los horrores que esconde ese sitio.
En cuanto a la misteriosa ficha que encontré en el laberinto, su función sigue siendo un misterio. ¿Logrará alguien algún día revelar el misterio?