CARTA A MI PUEBLO
Mi pueblo. Mi... adorado pueblo.
Más allá de las acciones y de los crímenes que haya podido cometer, quiero que sepas que, si lucho, es para salvarte. Con mis manos secas es como día tras día modelo la arcilla de nuestra salvación, de nuestra libertad. Nadie tiene derecho a oprimirnos. Nadie tiene derecho a burlarse de nuestras creencias ni a pisotear nuestro fervor. Si fuera necesario, me sublevaré contra todos. Contra mis enemigos de siempre, pero también contra mis enemigos de mañana. Contra ti, desconocido, que te alzas frente a mí con ese orgullo y esa arrogancia rebosantes de un veneno infecto que te carcome. Y me alzo contra ti, hermano mío, que estás dispuesto a desprenderte de tus convicciones para vestir la máscara de la traición.
Lucharé. Aunque la razón y los sentidos se me vayan en ello. Aunque tenga que dejarme los ojos y la piel, los pulmones y el cuerpo, lucharé. Porque, pese a haber heredado una vida de fugitiva, he acabado eligiendo una vida de conquistadora. Podéis odiarme por lo que he hecho. Tratarme de criminal y señalarme con el dedo. Acribillarme con reproches y tratarme de perjura. He dejado de creer en el milagro. De creer que allí, a lo lejos, en las tierras donde viven los que nos repudiaron, se halla la solución a todos nuestros males. Así que, hermanos, amigos y familia, entregadme vuestras armas y prestadme vuestros hechizos. Concededme vuestra confianza y vuestra bendición. Estoy haciendo de mi cuerpo un escudo. Pues, aunque yo todavía sigo en pie, mi ser murió el día en el que lo perdimos todo.
No pretendo convertirme en el mesías fiel de ningún pueblo fanático, ni tampoco en la mártir enajenada por años de inmersión en una fe inexorable. Estoy aquí siendo lo que siempre he sido: una sacerdotisa al servicio de su pueblo, como también lo fue Mazin Lyn antes que yo. Espero que algún día pueda volver a pisar el suelo de nuestro hogar, volver a decir «mako» para hablar de un lugar y sentirme libre y fuerte, y rodeada de seres queridos y amados. Creo que esto será posible algún día. Gracias a él. Él... es la última persona a la que quiero atarme. La última persona a la que quiero darlo todo.
Hermano, me puedes echar en cara el haber ido demasiado lejos. El haber sobrepasado los límites de la vida tranquila que me habían confiado. El haber desafiado a los mares para atraer huracanes y el haberme enfrentado al cielo para provocar el rayo. Te respondería que es cierto. Que he hecho lo que otros jamás habrían podido hacer. Que he tomado las riendas de mi vida y de la de mis seres queridos sin pedirles cuentas. ¿Acaso tenía elección? ¿Quién si no lo habría hecho en mi lugar? ¿Acaso tú te habrías levantado para ayudar a nuestro pueblo? ¿Acaso habrías estado dispuesto a sufrir y a padecer para disipar el mal que nos corroe? ¿Habrías sido capaz de luchar contra esos salvajes y mostrarles tu cuerpo lleno de sangre y de entrañas de nuestros enemigos para ahuyentarlos? No... Tú nunca fuiste el miembro rebelde de la familia, ¿o acaso me equivoco? Tampoco creo que yo lo sea.