Héroes desconocidos de una campaña militar desastrosa
Muchos combatientes se alzaron frente al ejército del rey Leorictus y de la general Ilyzaelle, y algunos de ellos conocieron su momento de gloria.
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Bajo las órdenes de Djaul, el Señor Seisde condujo el asalto contra las murallas de la ciudad de Bonta. Consciente de la inferioridad de su ejército, dirigió la batalla con una resignación ejemplar, y seguro que, en igualdad de condiciones, el resultado habría sido completamente distinto.
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El conde Sah se había establecido en las landas de Sidimote. Cuando las tropas bontarianas dirigidas por Ilyzaelle penetraron en su torre de las Tierras Desacralizadas, los horrores que allí descubrieron causaron más tormento en su mente del que causó el ejército brakmariano. Despacharon al conde rápidamente tirándolo de lo alto de su torre.
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Kebrantahuesos, especialista en perseguir magos, asesinó a varios hipermagos de entre la guardia personal del rey Leorictus, antes de que este último lo detuviera. Su cuerpo fue machacado y, seguidamente, guardado en una lata de sardinas.
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Puño de Hueso del Brazo del Chafer, agente forestal de las landas de Sidimote, hizo lo posible por retrasar el avance del ejército bontariano. Promovió la táctica de la tierra quemada, para que el ejército no sobreviva al invierno, técnica que podría haber funcionado si los roles hubieran estado invertidos. Pero en Brakmar no nieva nunca.
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Como médico de guerra, Cenizahueso llevó a cabo un trabajo ejemplar. Nadie, hasta hoy, ha superado su récord de envenenar a heridos para evitar tener que transportarlos.
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Encargarse de los muertos en un campo de batalla es un trabajo exigente. Alrededor de Brakmar, los cuerpos se lanzan en fosas llenas de lava, pero, en Cania, durante las campañas contra Bonta, la cosa cambia. Con la intención de facilitar su trabajo, Fuego Cadavérico desarrolló una técnica de cremación a base de frío derivada de una técnica ancestral mini nuit.
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Ribfétido del Foso era un sabueso del príncipe Djamal Brecht. Cuando las tropas bontarianas invadieron el palacio, jugó al miaumiau y al raratón con ellas, matando a multitud de oficiales antes de caer por inferioridad numérica.
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El Caudillo Sangriento comerciaba con el conde Sah, le proporcionaba las mujeres jóvenes que precisaba para sus abluciones. Logró por no se sabe qué medio conseguirle al conde la totalidad de las señoritas que acompañaban al ejército bontariano, granjeándose la ira de los oficiales de la ciudad blanca. Para castigarlo, lo ahogaron en su propia sangre.