Dofus Codex
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Dofus 3

La gran fuga

O cómo Uk'Not'Allag' escapó de la prisión de Amakna

por Fecalina, la Sabia981 palabras
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Que un sabio recordase, hacía tiempo que no se había visto a tymadores de camino a Amakna... Hasta finales de ese aperirel del año 636, habían sido más bien discretos. Algunos incluso pensaban que habían desaparecido...

¡Pero habían vuelto! Se vio a uno, dos, a veces a cuatro en el Puerto de Madrestam, o apostados en los alrededores del Castillo de Amakna.

A quienes les preguntaron acerca de la razón de su presencia respondieron al unísono: «¡Ha llegado la hora! ¡El demonio prisionero pronto hará oír su voz y conocer su nombre!». Después se esfumaron, como sombras... ¿Quién habría podido adivinar que el futuro de Amakna y del mundo entero dependía del éxito de su misión? En el mayor de los secretos, los tymadores debían asegurarse de que el camino desde la prisión de Amakna hasta Brakmar, la Oscura, estuviera despejado, y que siguiera estándolo hasta el final de la semana...


Pasaron algunos días desde que se había visto a los tymadores. Las nubes se agrupaban, oscuras y amenazantes, sobre la ciudad de Amakna. El viernes 21 de aperirel pasaría a los anales de la historia... A los oscuros, ¡pues la historia no se escribiría con tinta, sino con sangre!

Un nombre de sílabas ásperas circulaba por los labios de los guerreros de Brakmar: ¡Uk'Not'Allag'! El demonio se encontraba encerrado desde hacía más de un siglo en los calabozos de Amakna. Pocos recordaban su nombre. ¡Hacía tanto que había ocurrido!... Antaño, Uk' había invadido Amakna y esclavizado a la población para apoderarse de los dofus. Pero Allister, un joven feca, consiguió —tras varias peripecias— encadenar a Uk'Not'Allag' ayudándose de cadenas mágicas. Debilitado y privado de sus hechizos, el demonio fue hecho prisionero... A modo de reconocimiento de esta heroica hazaña, Allister fue proclamado rey de Amakna.


En realidad, la justicia popular de Amakna habría ejecutado al demonio, pero nadie sabía cómo proceder... Porque, incluso debilitado, ¡el demonio seguía siendo poderoso! El rey Allister decidió encerrarlo en el calabozo, para que el olvido fuese su castigo. Y así es como Uk'Not'Allag' cayó en el olvido durante décadas, masticando su venganza todo ese tiempo...

Si los amakneanos se hubiesen tomado la molestia de registrar al demonio, habrían encontrado su neceser de fealdad... y su lima de uñas. Con dicho utensilio solía afilarse las garras de cara a sus destripamientos semanales... Y gracias a esta lima, poco a poco, Uk'Not'Allag' consiguió desgastar las piedras de su celda. La tarea le había llevado, no obstante, varios años... Y, durante ese tiempo, el demonio había logrado despistar la vigilancia de los amakneanos: desde su celda, estableció contacto con aquellos que aún le eran fieles, pero nadie sabe todavía cómo consiguió semejante proeza.


Sea como fuere, el plan se ejecutó en el mayor de los secretos... Letalina Sigisbul, una osamodas y curtida mercenaria de Astrub, fue contratada para la fuga. Puso a disposición de los demonios sus talentos de invocadora y domadora. Vil Smis envió a uno de sus devotos tymadores para apoyar a las fuerzas brakmarianas. Y aquel día, las siluetas masivas de los minotauroros que Sigisbul había domado se alzaron cerca de la prisión de Amakna.

La mercenaria por fin estaba preparada, y pronto se reuniría con los brakmarianos. Asaltaron la prisión con fuerza, bramidos e imprecaciones. ¡Y así Uk'Not'Allag' fue liberado!


El mundo se habría convertido en el peor lugar imaginable, si un bosque de alas blancas no hubiese aparecido en el camino de vuelta... Las idas y venidas de los tymadores habían despertado la curiosidad de la milicia de Bonta. Algunos milicianos habían permanecido vigilando el lugar. En cuanto avistaron los movimientos de las tropas de Brakmar, corrieron hacia Bonta para alertar a sus capitanes.

«¡Brakmarianos! ¡Son muchos y han sitiado la prisión de Amakna!», exclamaron los defensores de Bonta al unísono. Conscientes del enorme peligro, los capitanes dieron la alarma. Una parte de las fuerzas bontarianas fueron enviadas a patrullar por los alrededores de Brakmar, mientras que la otra parte puso rápido rumbo a la prisión de Amakna.


Acorralados en primer lugar en la prisión, los brakmarianos solo se salvaron gracias a la presencia del espíritu de Sigisbul, que soltó un ejército de dopeuls sobre las tropas de alas blancas. Entretanto, un contingente de bontarianos se había abalanzado sobre las líneas brakmarianas. Su avance fue ralentizado por una avanzadilla de brakmarianos, y fueron detenidos por completo a las puertas de la ciudad.

Mientras tanto, Uk'Not'Allag' escapó de prisión y, junto con su escolta, emprendió el camino hacia Astrub.

Rodeado por sus seguidores y acosado por sus enemigos, se dirigió hacia el Campo del Descanso atravesando el bosque de los abráknidos.


Tras numerosos combates entre ambos bandos, Uk'Not'Allag' se encontraba cerca del pueblo de los salteadorillos; a continuación, giró hacia el sur, subiendo la moral a los habitantes de Brakmar. Por su parte, el capitán de la milicia había llegado a la frontera entre Cania y Sidimote. Había ordenado a los bontarianos que se dirigiesen hacia allí para reforzar el paso e impedir que el demonio cruzara la frontera. Mientras la escolta de Uk'Not'Allag' forzaba la línea de defensa atravesando la montaña, las tropas bontarianas se lanzaron a su persecución.

(Ambos bandos se enfrentaron en numerosas batallas; las tumbas que marcan el recorrido todavía atestiguan la violencia de los combates, tumbas que encantarán a los amantes de las excursiones turísticas).


Con el espinazo encorvado, sin aliento y con ojeras, un Uk'Not'Allag' cansado pero feliz consiguió llegar a Brakmar. El demonio expresó a gritos su felicidad ante la multitud de guerreros de alas rojas. Les afirmó que una nueva era esperaba a Brakmar. A Uk'Not'Allag' solo le quedaba encontrar la forma de librarse de sus cadenas.

Agotado, se retiró a la torre de Brakmar acompañado por una multitud de admiradoras que se postraban a sus pies, fulminadas por la fealdad (y, sin duda, también por el olor) del demonio. Décadas sin bañarse dejan huella...