El Nanoimposio
El noveno Nanoimposio
El Nanoimposio de los herreros es un gran certamen de creación de objetos mágicos que se organiza en honor del Forjador, el primero de los taponanos. Cada 777 años, los mejores artesanos rivalizan por fabricar las más bellas obras maestras. Ganar el Nanoimposio es un honor inmenso, un reconocimiento y una fuente de orgullo para el ganador y su clan.
El último Nanoimposio registrado en los archivos tuvo lugar en el año -7 (según el calendario docero) bajo los auspicios del rey de reyes Skori Blancabirra. Por novena vez y a lo largo de varias semanas, los mejores artesanos se afanaron ante los ardientes hornos y los resonantes yunques.
El favorito era el maestro herrero Durandal, que se había destacado creando armas excepcionales para los guerreros del clan Cabeza Dura. A él se le debía el martillo de repetición, el yelmo ariete y la mazasesina. También había nanoinventado objetos más sorprendentes, como la alarma in-ding-nante o el protector de cerveza, muy útil frente a las personas torpes (o malintencionadas) que hacen caer alimentos en la bebida de sus vecinos de mesa durante los festines. Todo el mundo esperaba, pues, que Durandal ganara el concurso holgadamente.
Durante la primera prueba, el herrero fabricó un hacha arrojadiza que maravilló al público. Pero un juez del clan Martillelo señaló una irregularidad: la barba del artesano era demasiado corta... Acusado de haberse recortado la barba para que no lo molestara durante su trabajo, Durandal quedó descalificado.
Esta decisión tuvo graves consecuencias en las relaciones entre los clanes Cabeza Dura y Martillelo: a pesar de sus lazos de parentesco con los Martillelo, el rey Thud Iremo Cabeza Dura rechazó el veredicto y denunció una flagrante nanoinjusticia. Thud Iremo montó un escándalo en el salón de banquetes e hizo volar por los aires las tarrinas de gambas con panceta y las jarras de cerveza que se habían servido a los participantes.
Por último, abandonó el torneo con Durandal y el resto de su clan. A pesar de este nanoincidente tan lamentable, las pruebas del Nanoimposio prosiguieron. En la final se enfrentaron los hijos de Valdi Vivaplata, del clan Botafuego, y las hermanas Bork y Eitry, del clan Martillelo. Todos los finalistas eran herreros de gran talento y sabían que debían superarse.
Los hijos de Valdi fabricaron tres objetos extraordinarios: una cabellera de oro que relucía como el sol, un barco que podía guardarse en el bolsillo y una lanza de grithril. Pero las dos hermanas lo hicieron aún mejor... Bork y Eitry forjaron un anillo que daba buena suerte, una montura constituida por los siete metales sagrados y un martillo capaz de hacer trizas cualquier material, fuese cual fuese su dureza.
El martillo impresionó sobremanera a los jueces por la calidad de su factura, por su modesta talla y porque era un martillo (ningún taponano es capaz de permanecer nanoinsensible ante un arma contundente). Tras una breve deliberación, los jueces declararon ganadoras unánimemente a las hermanas del clan Martillelo por su obra maestra.
La montura se ofreció como regalo al joven príncipe Dazahk, quien la bautizó como Escarabursti, y el anillo terminó en el dedo del rey de reyes. El martillo quedó expuesto en la gran fragua de los Martillelo para que la victoria de su clan pudiera inspirar a todos los artesanos. Por desgracia, cuentan que fue robado a los pocos meses...