La reina, el pintor y la princesa (extracto)
Un pintor llamado Gustav acompañaba a Efedra. Su arte debía celebrar la gloria de la reina, ilustrar la belleza de su crueldad. Era a la vez testigo y víctima, y estaba fascinado y horrorizado al mismo tiempo. ¿Era la falta de coraje lo que le impedía interponerse o huir? Seguramente... pero hay sentimientos más fuertes que el miedo.
La princesa Lisnea era la hija de Efedra. Tímida, amable, bella como el día, ella prefería la compañía de las flores a la de la gente de la corte. Y, sin embargo, no era indiferente a los encantos del joven pintor. Acabó por enamorarse de él... por desgracia para ella, ya que su madre tenía otros planes: la princesa iba a casarse con un gobernador de la ciudad de Astrub y daría a luz a un descendiente, por las buenas o por las malas. Un hijo que la reina moldearía a su imagen y semejanza...
Tenía todos los ingredientes para convertirse en una encantadora tragedia.