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Dofus 3

La reina, el pintor y la princesa

Manuscrito del Santuario de los Jardines Eternos

por Belladona556 palabras
100%

Vosotros, que arriesgáis vuestras insignificantes vidas para divertirme... Dejad que os recompense con un relato de lo más edificante.

La reina, el pintor y la princesa... De primeras, parece el título de un cuento, pero se trata más bien de un ajuste de cuentas.

La historia empieza con Efedra. Tras la muerte de su esposo real, la soberana pudo por fin embriagarse de poder. Se acabaron las reverencias, los compromisos y los titubeos. El Mundo de los Doce estaba al alcance de su mano, como una flor que espera que alguien la agarre. Reunió a un ejército, partió en campaña y se ganó el apelativo de Reina Escarlata, por la sangre y el hierro.


Un pintor llamado Gustav acompañaba a Efedra. Su arte debía celebrar la gloria de la reina, ilustrar la belleza de su crueldad. Era a la vez testigo y víctima, y estaba fascinado y horrorizado al mismo tiempo. ¿Era la falta de coraje lo que le impedía interponerse o huir? Seguramente... pero hay sentimientos más fuertes que el miedo.

La princesa Lisnea era la hija de Efedra. Tímida, amable, bella como el día, ella prefería la compañía de las flores a la de la gente de la corte. Y, sin embargo, no era indiferente a los encantos del joven pintor. Acabó por enamorarse de él... por desgracia para ella, ya que su madre tenía otros planes: la princesa iba a casarse con un gobernador de la ciudad de Astrub y daría a luz a un descendiente, por las buenas o por las malas. Un hijo que la reina moldearía a su imagen y semejanza...

Tenía todos los ingredientes para convertirse en una encantadora tragedia.


Tras innumerables saqueos, Efedra había acumulado un tesoro digno de Anutrof. Un tesoro que tenía la intención de guardar para la eternidad.

Entonces tramó un plan maquiavélico que finalizaba con un pacto con Itspi, una criatura de Externam. Con masacres y sacrificios, la reina recogió las almas necesarias. Una vez realizada la transacción, no dudó en inmolar a sus soldados con fuego para que no pudieran revelar nunca la ubicación de sus preciadas riquezas.

Sin embargo, a su siniestro plan le faltaba el toque final. Y no era el pintor, sino Lisnea, quien iba a darle lo que quería.


La princesa, antaño tan inocente, había decidido seguir un camino muy oscuro al sentirse acorralada. Con la ayuda de Gustav, elaboró un polvo a base de belladona (una elección muy sensata y que aconsejo a toda persona que quiera encontrar una solución a sus problemas, basta con un poco de agua o vino) e intentó envenenar a su madre durante un banquete.

He aquí una traición que Itspi habría valorado como se merece.

Sin embargo, no todo transcurrió como estaba previsto...


Por suerte o por desgracia, no fue la reina, sino un wauwau demasiado goloso el que sucumbió después de haber lamido el contenido de una copa derramada. Efedra no tardó en desenmascarar a los culpables.
El hechizo que les tenía reservado iba a forjar una nueva leyenda.

Del oscuro pacto nació Cire Momore, el guardián que nunca muere.
Su nombre atravesó los siglos. La inmortalidad permite adquirir este nivel de celebridad... Sin embargo, su carga puede ser más pesada que una armadura maldita.

Lo mejor es encontrar a alguien que pague el precio por ti.