Dofus Codex
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Dofus 3

La pesadilla de Justine Smauss

por P. H. Lavacroft.449 palabras
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Los sueños comenzaron durante el invierno.

Al principio, eran engañosos y los sufría de cuando en cuando, pero se volvieron cada vez más frecuentes e impactantes. Unas vastas extensiones líquidas se abrían ante mí, y erraba a través de gigantescos restos óseos junto a algunos peces de aspecto grotesco. Después aparecían las otras formas, que hacían que un horror indescriptible me invadiese cuando me despertaba. Sin embargo, aquellas formas no me inspiraban ningún miedo en los sueños, pues yo formaba parte de ellas: llevaba sus adornos y sus tatuajes de significados misteriosos, recorría sus rutas acuáticas y recitaba plegarias monstruosas en sus infames templos situados en el fondo del mar.


Soñaba más de lo que recordaba cada mañana, pero solo eso sería suficiente para que me tomaran por una loca si me atrevía a reflejarlo todo sobre un papel. Sentía que una influencia espantosa intentaba extirparme poco a poco del mundo lógico de la vida normal, para hundirme en abismos innombrables repletos de oscuridad y de lo desconocido. Aquellos fenómenos me afectaban profundamente. Decidí vivir recluida en mi casa del muelle de los Ahogados.

(...)


Una noche experimenté un terrorífico sueño en el que conocía a un extraño sacerdote en el fondo del mar. Su rostro estaba velado de amarillo. Me daba la bienvenida a Rylugluglú, la ciudad sin edad cuyas maravillas me aguardaban. Yo pertenecía a aquella ciudad, y no podía salir de allí. No moriría jamás, y viviría con los que ya existían mucho antes de que los doceros poblaran este mundo.

El sacerdote me desvelaba algunos secretos. Me decía que Rylugluglú no había sido destruido cuando los trithones habían enviado a sus leviatunes. Nadie jamás había sido capaz de acabar con los servidores de lo indecible, aunque la magia olvidada de los Arcanísimos hubiera podido a veces tenerlos en jaque. De momento esperaban, pero algún día volverían a ascender para apoderarse del tributo que el Gran Kutulú deseaba por encima de todo lo demás. Alzarían el dofus abisal, convertido en el cetro de su nuevo reino.

Aquel fue el sueño en el que vi un shorrokh por primera vez. Tal imagen me despertó, y mis gritos de espanto retumbaron en medio del silencio de mi morada sufokeña.

(...)


Los peores niveles de terror se atenúan. Extrañamente, ya no tengo miedo a las profundidades desconocidas del mar: ahora me siento atraída por ellas. Oigo y hago cosas extrañas mientras duermo. Después me despierto ya no con terror, sino con una especie de exaltación. No creo que necesite esperar la metamorfosis completa, como la mayoría debe hacer. En esas profundidades me aguardan esplendores increíbles y asombrosos, y pronto iré a su encuentro. ¡Iä Rylu! ¡Kutulú fhtagn! ¡Iä! ¡Iä!