Las buenas y menos buenas profecías de Senga Adalahcal, escriba
Que se sepa y que no haya duda: a pesar de su fatiga extrema, Gobalden, el chupatintas, acabará transcribiendo todas las palabras dictadas por el santo de las uñas y las garras. Pasará dos mil quinientas cincuenta y cinco noches en vela llenando las páginas de la enciclopedia de los goblins con una caligrafía insegura, haciendo proliferar las manchas por su cabezonería de escribir de izquierda a derecha sosteniendo la pluma con la mano izquierda (qué absurdidad), alimentándose únicamente de cerveza de frambuesa y licor de ciruela para conservar su tez malva tirando a roja (lo que no impedirá al pueblo goblin cambiar al verde debido a una mala alimentación demasiado rica en ensaladas).
Tras una introducción de cien volúmenes, Gobalden concluirá su trabajo titánico con la milésima obra. A continuación, se irá a dormir con la satisfacción de haber cumplido su deber y unos calambres monumentales en la mano.