Dofus Codex
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Dofus 3

El dragón de Astrub

372 palabras
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Las leyendas están llenas de caballeros que se enfrentan a dragones. ¿De dónde viene esta rivalidad que enfrenta a nobles guerreros de brillante armadura y a monstruos con escamas capaces de escupir un fuego devastador? Nadie lo sabe. ¿Ha sido siempre así?

Siglos antes de que Bolgrot y Rykke-Errel se despellejaran, en un tiempo en el que los seis dofus primordiales todavía no se habían creado, una epidemia arrasaba la ciudad de Astrub. Los mercenarios habían ganado muchas batallas, pero parecía que esta no la podían ganar. Mientras todos los habitantes rezaban a los Doce para que los salvara o para que les concediera un final rápido, un héroe se alzó y desafió a los dioses. Lo llamaban el caballero del otoño: su coraza era del color del sol poniente, una cimera carmesí adornaba su yelmo, y su escudo estaba recubierto de hojas de oro y de cobre.

El caballero escaló hasta la cima de una colina. Blandió su espada hacia los cielos, ignorando los rugidos del trueno. ¿Acabaría fulminado por haberse atrevido a rebelarse?

Una sombra gigantesca bajó de las nubes. Sus alas batían con lentitud, al ritmo de los corazones agonizantes. Su cuerpo estaba cubierto de cenizas como un manto brumoso.

El dragón Rathrosk se posó a unos pasos del caballero. Por su mirada oscura y severa, era portador de una condena. Su cuello sinuoso se infló mientras inspiraba profundamente.

Fascinado por el dragón gris, el caballero tuvo una reacción inesperada: bajó su escudo y clavó su espada en el suelo. Nunca había temido a la muerte. Todos los caminos llevaban a Externam, era el destino ineluctable de los mortales...

El tiempo suspendió su vuelo. Las estrellas se apagaron el espacio de un instante, mientras las Potencias del Krosmoz observaban la escena.

Rathrosk también retuvo el aliento. Impresionado por la valentía del héroe, decidió perdonarle la vida, y a toda la ciudad de Astrub con él. En aquel día, la Muerte había elegido la vida...

El dragón se convirtió desde entonces en el protector de la ciudad de los mercenarios. Durante dos siglos, se mantuvo del lado del caballero que se había atrevido a desafiar al destino. Pero el otoño no es eterno... y las hojas termina llevándoselas el viento.