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Dofus 3

La Hora de los Dragones

Fragmentos Encontrados - Tomo III

por Acidrik Rasgapanza613 palabras
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Los tres dragones de Osamodas infundieron la magia en el Mundo de los Diez. El dragón negro liberó la magia oscura y el dragón blanco la luminosa. Tres dragones negros y tres dragones blancos fueron engendrados y se encarnaron.

En cuanto al dragón multicolor, llenó el aire, la tierra, el agua y el fuego de poderes mágicos. Cuatro dragones elementales fueron creados.

El Mundo de los Diez... Este mundo necesitaba una magia digna de tal nombre, una magia dracónica. Uronigrido el negro y Helioboros el blanco hincharon sus pulmones y su canto ronco empezó a sonar al instante. La música, impregnada del fuego negro y del fuego blanco, giraba alrededor del mundo como un trueno.



El aliento de las grandes y viejas almas, las de los tres dragones negros y los tres dragones blancos, que se abatieron sobre el mundo como seis hilos de luz y brillo bailando en corro para disgregarse acto seguido. Cuando llegaron a las cimas de las montañas más altas del mundo, cada alma se fue en una dirección y sus estridentes estelas formaron una estrella de seis puntas.

Una de las almas se sumergió en los rayos de la primera luz del alba, la más pura del día naciente. Se volvió opalescente y tembló: el alma del dragón ya había abandonado su apariencia celeste al bajar a este mundo material; ahora abandonaba su segunda piel tejida con luz de estrellas. Se sacudió para deshacerse de los últimos restos de éter que quedaban sobre ella. Finalmente aparecieron carne y músculo. Por novena vez en su existencia celestial, Dardondakal, al que más tarde llamarían el Sabio, ¡se había encarnado!


Complaciendo a Helioboros, el señor de su raza, las otras dos almas blancas también mudaron de piel. Pasaron rozando la tierra, engullendo bocanadas de aire; sobrevolaron el mar, la espuma chorreaba por su piel pronto cubierta de escamas. Estos dragones se harían famosos y se llamarían Crulaklakoss y Gresgaulian. El Mundo de los Diez contó entonces con tres dragones blancos.

«La noche para mí. La profundidad subterránea para ti. Queda el abismo marino para ti...». El coloso de la sombra gruñó: una negrura espesa rezumaba de su boca apenas formada. Su carne se densificaba lentamente y movía los músculos de su espalda para desgarrar la envoltura viscosa que lo envolvía -los restos de su existencia divina- y que entorpecía sus movimientos. Las otras dos almas de dragón asintieron al reparto hecho por el que más tarde sería conocido como Grugalorasalar, el Fuliginoso.


Una de las almas gruñó y se lanzó a las profundidades de la tierra. En cuanto a la que debía adentrarse en las negras aguas, acabó desobedeciendo. Ávida, planeó sobre la tierra y el agua... en busca de lo único que le llamaba la atención aquí abajo. Ya que esta alma de dragón, más que nada, tenía hambre; soñaba con devorar el espíritu de un ser vivo...


Los dragones negros y los blancos se habían encarnado. Durante el tiempo que Uronigrido y Helioboros estuvieron cantando, Spiritia se había unido a ellos y, dirigiendo su boca hacia el mundo, lo colmó de color.

Su garganta empezó a palpitar, y el agua, el fuego, la tierra y el aire dejaron de estar en blanco y negro. Cada uno tomó un color: el agua se volvió azul, del mismo azul que Aguabrial, su guardián; el fuego enrojeció a imagen de Ignemikhal, el dragón escarlata; la tierra se cubrió de verde y de ocre, porque así son las escamas nudosas de Terrakurial; y el aire se volvió transparente, como el cuerpo cristalino de Aerafal.

Estos cuatro dragones, jóvenes y aun así poderosos, serían a partir de entonces los guardianes de los cuatro elementos.

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