Dofus Codex
Volver a la biblioteca
Dofus 3

El Sylarghcito Feo

Las Increíbles Aventuras de Capitán Amakna

por Tomo 261,417 palabras
100%

A la atención del señor S.

Estimado señor:

Tras haber recibido su pedido con fecha del 26 de septango de 550, le enviamos como estaba previsto el último tomo de «Las Increíbles Aventuras de Capitán Amakna».

Cordialmente,

Enzo Crates, responsable de la biblioteca de Amakna.

P.D. La casa no se hace responsable de los deterioros eventuales que la obra haya podido sufrir durante el viaje. Para cualquier reclamación, diríjase al servicio de transportes intercontinentales Amakna-Frigost.


Después de vencer al despreciable Cráneo Rosa, su peor enemigo, y entregarlo a la milicia del rey, Capitán Amakna decidió que ya era hora de tomarse unas vacaciones. Después de todo, se merecía un poco de descanso. Así que tomó el cañón para la isla de Moon y ¡paf! En un instante, se encontraba en una playa de arena fina, bebiéndose a sorbitos un buen vaso de leche de kokoko.

Pero este respiro duraría muy poco, ya que una nueva amenaza estaba a punto de perturbar la relativa calma del Mundo de los Once. En efecto, un misterioso ladrón en serie había sembrado el pánico en el pueblo de los salteadorillos. Y, según los espías del rey, ¡ahora se dirigía hacia Amakna!


Más rápido que el viento y más bronceado que una zanahowia frita en aceite de palma, Capitán Amakna se encaminó hacia su querida patria y puso en marcha la investigación. Se dirigió de inmediato hacia la sierra de Cania y subió con agilidad hasta la cima de un árbol centenario para alcanzar a ver la plaza fuerte de los salteadorillos. Lo que descubrió le dejó mudo: ¡alguien había mutilado sin piedad a los robots Carro de Culí y Maza de Armas! ¡Les habían arrancado todos los miembros, las ruedas y hasta las articulaciones! ¡Era inaceptable! Los salteadorillos eran unos manitas únicos y estos autómatas de madera eran al mismo tiempo su mayor logro y su principal método de defensa. ¡Capitán no podía permitir que este crimen quedara impune! Pero ¿cómo encontrar al culpable? ¡Al parecer no había dejado ni un solo indicio! En ese momento, nuestro glorioso justiciero vio una inscripción en una de las plataformas del pueblo. Alguien había escrito un mensaje con aceite de kodo: «Salva al preciado minero, salva al mundo...-Sylargh»


Todo esto era bastante misterioso. Capitán Amakna no comprendía bien lo que Sylargh quería decir. ¿Por qué alguien habría querido hacer pedacitos los robots salteadorillos? ¿Y quién era ese «preciado minero» al que había que salvar? ¿El mundo estaba realmente en peligro? Armado con su intuición legendaria, Capitán Amakna decidió ir a investigar a Astrub. Los rumores abundaban en la ciudad de los mercenarios y siempre podíamos estar seguros de encontrar lo que buscábamos. Así que contaba con enterarse de algo más sobre el famoso minero del mensaje. Una vez allí, le hablaron sobre un misterioso prospectador, que acababa de llegar a la ciudad y que ya era conocido por sus tarifas exorbitantes. El tan «preciado» minero que buscaba el capitán no podía ser otro que él. Contaban que se abastecía de minerales en las minas de Amakna, pero, evidentemente, nadie estaba seguro de nada.


¡Nuestro glorioso capitán tenía más que suficiente con esa información! Se fue directo a la mina en cuestión para desvelar el misterio. Por desgracia, al poco de entrar en el subterráneo, se dio cuenta de su error: ¡acababa de meterse en la boca de Maxilubo! En menos de lo que tarda un anutrof en recoger un kama del suelo, Sylargh se lanzó sobre él y le pegó una paliza. Cuando se despertó, se encontraba atado a una vagoneta abandonada al fondo de la mina. Abrió bien los ojos y pudo ver unas piezas de madera y de metal amontonadas alrededor de él. ¡Eran los miembros robados de los robots salteadorillos! Alguien los había llevado hasta ahí, pero... ¿con qué fin? Nuestro valeroso héroe no pudo seguir pensando en el tema... En efecto, Sylargh se acercaba con una risa sarcástica, oculto en la penumbra. Los ojos le brillaban del odio, esbozaba una sonrisa malévola y tenía la estatura de un xelor enano... porque era un... ¡salteadorillo! ¡Sí, sí! ¡Un pequeño, chiquitín y minúsculo salteadorillo! Capitán no se lo podía creer. Ese simple tapón, tan gordo como un bebé tofu, ¡había conseguido inmovilizarle en un segundo!


«¡Muajajajaja! -exclamó Sylargh con una voz de ultratumba-. Aquí tenemos al famoso Capitán Amakna atrapado en una mina abandonada. Tiene gracia, ¿no crees? La historia del pobre minero en peligro, un mundo en peligro, todo eso... No pudiste aguantar las ganas, ¡reconócelo! ¡Ja, ja! ¡Los héroes de hoy en día son tan previsibles! Tanto que empieza a resultar cansino. Sabía que no dudarías ni un segundo en adentrarte en estos túneles. ¿Has visto? ¡Yo sé cómo funcionan las cosas! Es una especie de don. ¡Soy alguien especial! Igualito que tú... Pero seguramente te preguntas por qué te he traído aquí. Pues bien, responderé a tu pregunta. Sé por experiencia que los grandes genios del mal no deberían revelar sus planes antes de tiempo, pero ¡me encanta contar mis batallitas! Así que, esta es mi historia:


Soy uno de los mejores manitas del pueblo. Algunos dicen que el mejor. Y razón no les falta, ¿para qué negarlo? Después de todo, soy el más capacitado, ¡es evidente! Resumiendo, no hace mucho tiempo, dibujé los planos de un nuevo prototipo de robot maza de armas. ¡Una maravilla! El problema es que me faltaban materiales para construirlo. Podría haberles pedido a mis hermanos salteadorillos que me echaran una mano para encontrarlos, pero no me gusta ir por ahí pidiendo limosna. Así que cogí yo mismo lo que necesitaba. Las piezas que ves a tu alrededor son las que les arranqué a los robots del pueblo, aunque eso ya te lo habrás imaginado... Sin embargo, lo que aún no sabes es que, para terminar mi invento, necesito un metal que sea al mismo tiempo ligero y extremadamente resistente. He probado, sin éxito, con todos los minerales conocidos en Amakna. Necesito algo diferente, algo como tu famoso escudo, por ejemplo. ¡Muajajajaja! Dicen que fue forjado con un metal poco común y precioso. Es verdad, ¿a que sí? Mmm... ¡Puedo ver en tus ojos que no me equivoco! ¿Qué te parece si me quedo con él y lo fundo para forjar las piezas que me faltan? Podría ser divertido, ¿no crees?».


Al oír estas palabras, Capitán Amakna sintió como el miedo se apoderaba de él por primera vez en su increíble vida. La idea de que le quitaran su magnífico escudo le aterrorizaba. Si se cometía tal infamia, nunca podría reponerse. ¡No podía permitirlo! Así que, guiado por su valor heroico, el capitán decidió actuar... ¡y revelar su secreto! En efecto, su escudo era único, pero el metal del que estaba hecho no era tan raro como Sylargh pensaba. Solo era desconocido en Amakna. El capitán lo había importado en secreto desde la lejana tierra de Frigost, con el fin de mantener el monopolio de los escudos ultrapotentes. Por lo visto, los frigosteños poseían una pequeña isla dotada de una explotación minera de la que extraían abundantes cantidades del famoso mineral con el que se había forjado el escudo, pero él no sabía nada más al respecto. Todo lo que podía decir es que su escudo contenía una ridícula cantidad de mineral en comparación con todo lo que Sylargh podría encontrar en Frigost, así que no valía la pena destruirlo.


Al escuchar esto, Sylargh pareció dudar. No sabía si creer o no al capitán. Se lo pensó un momento y luego se acercó hacia nuestro héroe con aire amenazador. Agarró el escudo, lo blandió en el aire, por encima de la forja que acababa de improvisar y... de repente cambió de idea, y golpeo al capitán en el cráneo. Una vez más sin sentido, este se adentraba en el oscuro mundo de la inconsciencia.

Cuando recuperó la consciencia, nuestro ilustre capitán se encontraba solo en la mina. Sylargh había desaparecido dejando el escudo a los pies del héroe. Nadie supo decir dónde se había ido, y nunca más se escuchó hablar de él en Amakna. Cuentan que un pandawa lo había visto montar en un barco con destino a Frigost, pero como todo el mundo sabe, las alucinaciones son algo normal entre los pandawas. Por eso, no se suele reabrir un caso por uno de sus testimonios. Sea como fuere, Capitán Amakna tenía cosas mejores que hacer, ya que la milicia del rey acababa de anunciar la huida de Cráneo Rosa, su eterno enemigo...

También en otra fuente