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Dofus 3

Las Lágrimas de la Diosa (2.ª parte)

Fragmentos Encontrados - Tomo VIII

por Acidrik Rasgapanza388 palabras
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¡Posición! «¡Paso! ¡Abre paso, Djaul! El mes de flovor empieza aquí y ahora. ¡Apártate de mi camino, y no oses jamás poner trabas a flovor! ¡No me gustaría tener que manchar mis árboles con tu sangre!», le espetó Silvosse en un tono aguerrido. Djaul se levantó y, a trompicones, puso rumbo al sur.

En ese mismo instante, la asamblea de los dioses se hallaba reunida para recibir a la diosa Sacrógrito. «¿Qué ha hecho ella para merecer ese lugar?» declamó Rushu. «Lo sabes igual que nosotros, Rushu. Simplemente tiene fieles que creen en ella», respondió con serenidad el dios Yopuka. Y añadió: «Y no hacen más que crecer cada día».

«¡Exijo una prueba! ¡No es digna! ¡Lo sé!», gritó Rushu señalando con el dedo a la diosa, que se mantenía impasible.

«No hay necesidad», respondió de nuevo el dios Yopuka. Y antes de que pudiera añadir una sola palabra, la diosa Sacrógrito cogió el Reloj Divino con las manos, sujetándolo como un oráculo.


sujetándolo como un oráculo. Cada segundo que pasaba encerraba una parte de la vida del mundo... Ella, y también los otros dioses, habían escuchado el sufrimiento y el pavor de los habitantes de Amakna. Eran presa de los temores más terribles y, entre el coro de lamentos que les llegaba, los dioses podían percibir pese a todo un tono dulce y seguro, un tono de sosiego. Por la mejilla de la diosa cayó una lágrima de compasión, una lágrima que se posó sobre el Reloj Divino, entró en los engranajes y se deslizó sobre la rana devoradora de tiempo, que croó sorprendida... El Reloj, vivo de repente, fue presa de una increíble convulsión: el espacio y el tiempo, pasado y presente, empezaron a contraerse...

En ese momento, Xelor predijo que Bonta y Brakmar, las ciudades rivales que pronto darían que hablar, serían destruidas en el transcurso de la guerra de las ciudades, y que gracias a la lágrima de la diosa, resurgirían del olvido al que la historia las había condenado. En esa ocasión, Xelor no tendría nada que ver con esta anomalía cronológica: era una segunda oportunidad concedida a las dos ciudades.


Rushu, desconcertado al principio, esbozó una amplia sonrisa de satisfacción y salió de la asamblea con paso decidido. El Mundo de los Diez pasaba entonces a llamarse el Mundo de los Once.