Proyecto Vulkania
Diario de a bordo de la expedición
Ha llegado el día. ¡Hoy partimos!
Casi todos los miembros de la expedición ya están a bordo. Los sacrógritos Stok y Stak demuestran un aplomo admirable: parece que tienen una larga experiencia en este tipo de viajes. ¡No sabía que fueran primos!
Tristan Zubert, el especialista en fauna salvaje, es muy simpático. No diría lo mismo, en cambio, de Seb Hultura. Ese tipo no parece trigo limpio... Asegura que su especialidad son las piedras antiguas, pero me da la impresión de que habla en realidad de joyas que gustosamente se metería en el bolsillo.
Ava está tan entusiasmada como yo con la idea del viaje. Si su abuelo pudiera verla... ¡estaría tan orgulloso de ella!
Otto Lidenbroca ha llegado el último, como siempre. Se ha disculpado diciendo que se había dejado la mochila y que había tenido que volver a la posada a por ella. ¡Un día se olvidará la cabeza!
¡En marcha! ¡Rumbo a la isla misteriosa!
***
No me lo creo... Allí está. ¡La hemos encontrado! ¡Hemos encontrado Vulkania!
Hemos estado a punto de pasar de largo. La bruma era tan espesa que apenas alcanzaba a verme los dedos con la mano alzada delante de mis ojos. Cuando lleguemos a la orilla con el bote, tendremos que pensar en encender un fuego, que sirva de punto de referencia. ¡Más adelante podemos construir un faro!
Agradezco a Anutrof que nos haya guiado hasta aquí. Ya no tendré que soportar los gemidos de ese sram... ¡Anda que emprender un viaje de estas características sufriendo mareos!
***
¡Vulkania es el paraíso de los geólogos! La diversidad de estructuras minerales es absolutamente increíble. La tranquilidad que se respira es impresionante. Casi se podría escuchar el crujido de las piedras si no fuera por el ruido de las olas.
La actividad sísmica parece limitada. Hemos localizado ya varios cráteres en el bosque. Stok y Stak han salido en una misión de reconocimiento. Muy pronto tendremos un primer plano de la isla.
Hemos bajado al primer cráter... ¡Es absolutamente magnífico! El tamaño de esos cristales es espectacular. ¡Lidenbroca y Ava se quedaron anonadados!
Zubert empezó literalmente a dar brincos cuando vislumbró una criatura dentro de la caverna. No sé qué era exactamente, pero parecía más bien tímido: el animal huyó en cuanto Zubert intentó acercarse. Es el primer bicho grande que hemos visto. No se puede decir que en los bosques de Vulkania no abunde demasiado la caza.
***
Ahora ya llevamos un tiempo aquí. Empezamos a conocer mejor la topografía del archipiélago.
Zubert cree haber identificado la especie de criaturas que a veces logramos vislumbrar: parecen ser dragohuevos. Me ha propuesto que invitemos a la isla a un amigo suyo, especialista en estas criaturas. Le he dado mi visto bueno.
He tenido una idea que he expuesto a los demás miembros de la expedición: ¿y si convertimos Vulkania en un gran parque natural para que todo el mundo pueda descubrir las maravillas de este extraordinario lugar? Lidenbroca parece entusiasmado con la idea: seguro que ya está calculando cuánto podría ganar con un parque. Ahora tengo que convencer a Stok, que no parece muy por la labor. ¡Seguro que le da miedo que se llene de turistas! Voy a tratar de tranquilizarlo, ya que esa no es ni por asomo nuestra intención.
***
Para distraernos, hemos empezado a pensar en las interesantes atracciones que podríamos ofrecer a los visitantes. Se nos han ocurrido cosas como «leyendas y monstruos de las profundidades», «sobrevolar un cráter» o «la aventura de la tierra». Lo importante es apostar por un enfoque pedagógico, para que los que vengan a Vulkania aprendan divirtiéndose.
***
El amigo de Tristan Zubert ha desembarcado esta mañana. Tiene un aspecto un poco extraño... Está muy pálido y tiene los ojos saltones. Pero parece una persona muy culta. Me da la impresión de que no duerme muy bien.
Zubert está absolutamente revolucionado porque hemos empezado a ver dragohuevos en el bosque. Zubert dice que son inmaduros y que, por eso, no salen de sus cáscaras.
Hemos dado la bienvenida a los primeros visitantes de Vulkania. Gracias a ellos podemos probar las primeras actividades que hemos organizado. Por el momento parecen satisfechos y eso nos da ánimos para seguir con el proyecto.
***
No sé por dónde empezar... Hoy ha ocurrido algo terrible.
Hemos descendido al cráter Mino para tomar muestras. Es el cráter más pequeño de la isla, pero bajo su superficie se esconden unas cavernas inmensas. Hemos ido más lejos que las veces anteriores... y cada vez hacía más calor. Pasamos por debajo de una especie de pasaje natural... y allí, dentro de una gran caverna, los vimos. Dos monstruos enormes dormidos y, a su alrededor... una cantidad casi inimaginable de dragohuevos aún en sus cáscaras. Los dragohuevos empezaron a moverse, el ruido era atronador... y las dos criaturas gigantes se despertaron.
¡Pensé que íbamos a morir todos allí abajo! Por Anutrof, ¡creo que nunca había pasado tanto miedo en mi vida!
El amigo de Zubert nos contó que las dos criaturas a las que habíamos molestado eran Grozilla y Grasmera, y que eran, seguramente, los padres de los dragohuevos.
Grozilla y Grasmera... ¡están poniendo en peligro todo lo que hemos empezado a construir aquí!
***
Han sucedido tantas cosas... Nuestras esperanzas se han desvanecido como un castillo de arena bajo las olas.
Varios miembros de la expedición han desaparecido. Tristan Zubert, su amigo obsesionado por los monstruos y mi querida amiga Ava... todos descendieron al cráter Mino y no han vuelto. Traté de quitárselo de la cabeza... pero querían ver qué había más allá de la cueva. Ya no tengo esperanzas de volver a verlos con vida.
Los «cascasaurios» (como los llamaba Zubert) salieron de las profundidades y ahora campan por los bosques de la isla. Hemos comenzado a cazarlos porque su número no deja de aumentar.
Justo lo contrario de lo que sucede con los visitantes: las reservas están en caída libre. Y, en cambio, los gastos del parque... Si esto continúa así, tendremos que cerrarlo.
***
Lidenbroca nos ha dicho que ha encontrado una solución para salvar Vulkania: ha contactado con alguien que quizás pueda ayudarnos.
Esta es nuestra última oportunidad, la situación no podría ser peor. En estos últimos tiempos, hemos sufrido varios robos. ¡Como si un parque natural fuera sitio para ladrones! Además, me da la impresión de que alguien ha saboteado el material, porque se han producido varios accidentes. Ya no entiendo nada. Parece que la mala suerte nos persigue...
***
Hoy hemos conocido a nuestro «salvador»: Hannibol Smis. Este señor, aparentemente muy influyente, nos ha propuesto que lo dejemos todo en sus manos. Nos ha dicho que no nos preocupemos más, que sus «planes siempre salen bien». Ya... No sé por qué, pero no estoy tranquilo. Me da la impresión de que los demás miembros del equipo tampoco están muy entusiasmados porque no dicen gran cosa.
***
Todo ha cambiado, mi sueño se ha desvanecido.
A veces me pregunto qué hago todavía aquí. El asistente de Smis me ha asignado la vigilancia del faro Lero. Parece claro que quiere dejarme al margen. Y no es mala idea. Por suerte, tengo a Dekster, que me hace compañía.
Al final, todos los miembros de la expedición han terminado por aceptar el trabajo que les propuso el Equipo. Ya no tengo mucho contacto con ellos. Creía que estábamos todos en el mismo barco... pero, al final, ha resultado que cada uno va por su lado.
Ahora el Equipo Turist-A controla toda la isla. Los nuevos empleados desembarcarán dentro de nada... y, con ellos, hordas de turistas.
Ya no tengo ganas de seguir con este diario... Creo que voy a deshacerme de él, me trae demasiados recuerdos.
¿Qué va a ser de Vulkania? Me hago esta pregunta todos los días... ¡Pero aquí estoy... y aquí me quedo!