La Jarrita de Pandawa
Guía de clase para tener clase
Presentación
¡Pandawa, una diosa que tiene un par de...!
La diosa Pandawa, en su infinita sed, ha dotado a sus fieles de una impresionante capacidad de beber: vaciar vasos, jarras y otras pintas es un arte en el que los pandawas son auténticos maestros. Y como poco podemos decir que lo hacen de maravilla. Una vez llegados al estado deEmbriaguez, ¡los discípulos de Pandawa son capaces de hacer locuras con el cuerpo! Incluso puede que las hagan con el cuerpo de otros, para su regocijo o a su pesar, dependiendo del bando en el que estén...
¡El pandawa es realmente FE-NO-ME-NAL!
Los pandawas son muy apreciados por sus técnicas marciales poco comunes. Mientras dan la impresión de estar ebrios, saben fintar como el- agua-que-corre-entre-las-piedras-del-torrente y golpear como el-cafre-que-revienta-cráneos-noche-y-día. Son hábiles con el hacha (práctico para cortar el bambú), tienen un sentido del humor a prueba de balas y no pierden una oportunidad de partirle la cara a quien sea, así, por diversión. Los pandawas que perseveran en la vía marcial se convierten en grandes maestros. La gente viaja desde lejos para oír sus enseñanzas.
Culto a Pandawa
La diosa Pandawa.
Un dato poco conocido es que la diosa ¡ya existía en los principios de mundo! Formaba parte de los innumerables dioses menores y tenía mucho menos poder que hoy... Un día en que andaba reflexionando en cómo convertir a fieles para que la venerasen, dio con el cadáver de un blop que había perecido debido a un chorro de esporma. Estaba casi todo líquido y una multitud de corbaks se alborotaba sobre los restos. Para su sorpresa, los alados negros estaban embriagados, titubeantes e incapaces de alzar el vuelo. Fue entonces cuando tuvo LA revelación... y su poder fue creciendo lentamente a medida que experimentaba el arte de la fermentación.
Utilizaba de todo: vegetales, criaturas, órganos, cáscaras... Todo lo transformaba en líquidos con sabores incomparables que llevaban a aquellos que los bebían a un estado de aturdimiento... del que la diosa se aprovechaba para hablarles. No hacía falta más para convencer a los borrachines locales de que Pandawa era una diosa genial. Y su popularidad creció tanto que alcanzó el lugar que le correspondía de pleno derecho, junto a los otros dioses.
Existen otras versiones de esta historia, por supuesto, pero todas terminan igual: ¡con el estruendo de las jarras al chocarse unas con otras!
El templo Pandawa
En cuanto su isla se abrió al resto del mundo, los pandawas levantaron un templo en el continente. La diosa bendijo este lugar sagrado. Tanto que el aire que se respira en los alrededores del edificio te vuelve eufórico... ¡El aura de Pandawa tiene un poder excepcional!
Las personas que deseen encontrar los orígenes de la leche fermentada pueden cruzar el gran puente de bambú y acudir a la tierra ancestral de Pandala. Una vez allí, podrán hablar con gran cantidad de espíritus y deleitarse con brebajes místicos. Si se les considera dignas, puede que hasta tengan el honor de atravesar las puertas de la Taberna Prohibida... Pandawelo, portavoz de Pandawa, estará entonces encantado de brindar con ellas.
Expresiones típicas - Hablar pandawa
Petaca: licorera, pero también apelativo cariñoso entre pandawas previo consentimiento. «¡Mi peluchín, cómo me encanta tu culito de petaca!», «Pero mira qué cara de petaquita tan rica!».
Picadillo a hachazos: hacer un uso intensivo del hacha.
Una última pinta para el descamino: cuando un pandawa está en estado de embriaguez.
Estar tan claro como el agua: se dice de una situación difícil de comprender, sobre todo para un pandawa.
Ir negro como un cuerbok: estar embriagado... de rabia, de amor (o borracho sin más).
A gaznate sediento, oído desatento: en otras palabras, un pandawa con sed será sordo a tus palabras.
Pagar la ronda: deshacerse de sus adversarios con maestría.
Una cogorza para tumbar a un minotauroro: se dice de un momento festivo especialmente bien logrado.
Tanto va el cántaro a la fuente de agua que al final se muere de sed: ser moderado en todo y no abusar de las cosas buenas ni de los demás.
Tener botella: tener experiencia en el arte de la guerra.
Voz de cosaco: se dice del pandawa cuya voz está estropeada por ingerir tantas bebidas fermentadas.