Dofus Codex
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Dofus 3

La rabia de Uginak

Guía de clase para tener clase

por Ganymed y Herdegriz766 palabras
100%

Presentación

Vida Frenética

La vida no siempre es un río largo y calmo. Algunos doceros, cuando la suerte los abandona, se rinden. Se sienten desamparados, vulnerables e indefensos ante los caprichos del destino. ¿Cómo salir adelante cuando la suerte se ceba contigo?

Los uginaks no tienen ese tipo de pensamiento. Son un pueblo con amor propio y no creen en la fatalidad. Las tribus nómadas llevan siglos luchando por sobrevivir en las tierras más inhóspitas. ¿El calor del Picahari, los vientos cargados de ceniza que barren las landas de Sidimote? Eso no son más que pruebas que superar. ¿La guerra interminable entre Bonta y Brakmar, las batallas sangrientas donde todo está permitido? Eso no son más que desafíos que afrontar. Cuando la parca viene a buscarlos, con un rictus contorsionado en sus labios descarnados, los uginaks gritan a la muerte... pero no abandonan. Se mantienen en pie y con las armas en ristre.


Los enfrentamientos son frecuentes dentro de la Gran Manada. No es raro que algunos uginaks elijan abandonar su tribu y mudarse a las ciudades del Mundo de los Doce. Hartos de que los consideren unos bárbaros, se integran en la población y reniegan de su legado, aspirando a una vida más cómoda. Sin embargo, en el fondo de su ser, bajo el fino barniz de la civilización, la bestia sigue ahí... Por eso es aconsejable no irritar a los uginaks si no es estando preparado para asumir las consecuencias.


Ansia por Vencer

Los uginaks son guerreros de legendaria fiereza: a nadie se le ocurriría detenerlos cuando se transforman en colosos hirsutos capaces de plantarle cara a las criaturas más bestiales. Los uginaks, dejándose llevar por la vorágine de los combates, dan rienda suelta a sus instintos salvajes. ¿Hay algo más estimulante que el ruido de los huesos al romperse? Admitir la derrota no es una opción. Pelear hasta el fin, y más allá, es una evidencia total. El wauwau guardián muere y no se rinde.

Los uginaks son también excelentes cazadores. Pueden seguir la pista siguiendo el olor que deja una presa, incluso semanas después. El precio que deben pagar por un olfato así es cierta sensibilidad olfativa... Para quitarte a un uginak pegajoso de encima, no hay nada como tomarse un buen plato de alubias.


Culto de los uginaks

El dios Uginak

De casta le viene al galgo. De manera inversa al dios Zurcarák, Uginak es un maestro violento, exigente, duro con sus adeptos. Desprecia la debilidad y la compasión, y es tan temido como venerado. Las pruebas a las que los discípulos del Moloso Negro deben someterse hacen que, a su lado, los peores trabajos forzados de las cárceles de Brakmar parezcan unas relajantes vacaciones en las playas de Vulkania. Sin embargo, todo apunta a que Uginak y Zurcarák no son más que las dos caras de una misma moneda: una insoportable paradoja que tiene la culpa de muchos rechinamientos de dientes en Inglorium.

Algunos uginaks han acabado desviándose de la religión. ¿Habrán tirado la toalla después de haber estado, sin éxito, intentando ganarse el favor de un dios que los juzga con demasiada severidad? Sus razones son diversas, pero este desapego parece darse más en los que eligen mudarse a las grandes ciudades, donde se respetan menos las tradiciones.


El templo de Uginak

Este templo, uno de los más antiguos del Mundo de los Doce, se abrió en la pared de un acantilado azotado por los vientos, en la isla del Picahari. Tras siglos en el olvido, el santuario está atrayendo cada vez a más fieles por una razón: en su interior se halla una reliquia de excepción, el hueso del dios muerto, que, según cuentan, permite ver el futuro a quien consuma su tuétano. Representantes de todas las tribus acampan delante de la cueva esperando tener el honor de probar la sustancia sagrada. Nada como una visión clara del futuro para dar los pasos correctos y liberarnos del peso del destino...


Expresiones típicas - Hablar uginak

Pinchar en hueso: encontrar una dificultad imprevista, pero conseguir sacar lo mejor de ella.

Picarle a uno la trufa:olisquear una pista.

Cuando los lucharniegos:al caer la noche.

La cosa está rabiosa: está a punto de formarse una pelea.

Ser un ladrador (poco mordedor): no ser tan fuerte como se pretende.

El que caza, sus penas rechaza: la tribu acepta al que cumple con sus obligaciones.

Levantarse con la almohadilla derecha: empezar el día con buen humor.

Írsele a uno la cola: estar muy motivado.

Ugito, con lo que dices: hay que mantener lo que se enuncia.

Gruñir hasta diez: no enrabiarse.