El Látigo de Osamodas
Guía de clase para tener clase
Presentación
Provocar o no provocar... (al adversario)
Los osamodas son los únicos que pueden pasar la noche en el Bosque Maléfico sin sentirse amenazados ni asustados por los gritos aterradores que ahí se oyen. ¿Los rezos de las misas de los cuerboks? ¿Los murmullos de los tofus maléficos? ¿Los guiños de los nujos? Nada los asusta. Esto es así simplemente porque ninguna criatura tiene secretos para ellos... Son capaces de leer en el corazón de las bestias como un libro abierto. Además, cualquier criatura dotada de un poco de inteligencia evitará cruzar la más mínima mirada con un osamodas por miedo a entregarse en cuerpo y alma. Y quien sabe lo que un osamodas podría hacer de una criatura consintiente...
Los fieles de Osamodas tienen un poder que todos envidian, el de invocar criaturas (que destinan normalmente al combate). Además, resultan ser excelentes domadores. Corre el rumor de que utilizan la piel de sus enemigos para hacerse sus trapitos. Si quieres saber si es cierto, puedes ir tú mismo a preguntarles... ¡Pero ten cuidado! No sea que termines transformado en algún que otro complemento de moda.
Criar bien un dragonito
Los osamodas revindican sus antepasados dracónicos, y no les falta razón. Su cola recuerda a la de ciertos dragones, al igual que sus cuernos y su aliento (todos estos atributos les permiten ganarse fácilmente la confianza de los animales). Los fieles de Osamodas veneran a los dragones, esas criaturas mágicas: en la puerta de su templo hay tres estatuas de dragón. Su dios no se opone a este culto puesto que él también los aprecia. Y como prueba solo hay que ver que la invocación más poderosa de los fieles de Osamodas es un dragonito, una criatura conocida por sus bromas. Es el orgullo de su propietario ya que a sus enemigos los hace puré el lunes y brochetitas a la parrilla el domingo, que es día de fiesta.
Culto de Osamodas
El dios Osamodas
Osamodas, taciturno y solitario, prefiere la compañía de las criaturas a la de las personas. De hecho le ha transmitido ese amor por las bestias a sus discípulos. Puede invocar cualquier criatura del universo, pues las conoce todas y habla su lenguaje. En el pasado fue un dios belicoso, que se dejaba llevar por el ardor de la batalla, y tiene en su activo un largo historial de mundos conquistados. Hasta una leyenda cuenta que cosió su largo manto con la piel de sus enemigos, e incluso sin esta leyenda su reputación basta para mantener alejados a los inoportunos.
El templo de Osamodas
Tres estatuas de dragón guardan la entrada del templo de Osamodas. Se cuenta que al principio los tres dragones estaban pintados, uno de blanco, otro de negro y el tercero era multicolor. Más tarde, durante una celebración en honor al dios, se organizó una gran carrera en los campos de los Ingals que degeneró tanto que los domadores acabaron enfrentándose los unos contra los otros invadidos por el odio y el mal humor. Los combates, a golpe de invocaciones de tofus y jalatós, llegaron hasta los alrededores del templo. En ese momento, las estatuas se volvieron rojas de sangre volátil... Los campos de los Ingals aún guardan las marcas dejadas durante la carrera, dos círculos conectados por una línea recta... Algo que puede atraer a los aficionados de curiosidades turísticas. A los forjadores de martillos les interesará hablar con Zeurg, que dirige el templo y posee las herramientas que hacen falta para este tipo de oficio.
Expresiones típicas - Hablar osamodas
No hay prespic que por bien no valga: frase común entre las abuelas osamodas, que adoran hacerse curas de picaduras.
Tener otros minotauroros que lidiar: tener otras cosas que hacer.
Tener cara de gobio: estar enfermo o cansado.
Dulce como un tofu: expresión irónica, pues el tofu adiestrado es un animal ávido en el combate, implacable y sanguinario.
Llover mares de Sufokia: se dice cuando hace mal tiempo. También se dice «llorar mares de Sufokia» para burlarse de los llorica manteles.
Gritar milubo: dar la alerta.
Tengo un hambre de milubo: tener mucha hambre.
Como un moskito sin alas: estar desprovisto o desposeído de sus bienes.
Abarcar como dos crujidores y apretar como un bwak: se dice del osamodas trabajador cuyos esfuerzos no se ven recompensados en consonancia.
Tener la lombricita en el ojo: conmoverse.
Tocar la larva: servirse de una larva como instrumento musical, palpándola hasta que emita una serie de sonidos musicales.