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Dofus 3

Combate en el Bosque

por Baul Punyan873 palabras
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Cuando aún no era más que un yopuka mocoso en pantalones cortos, mi mamá me contaba un montón de historias sobre el bosque encantado. Me acuerdo, por ejemplo de la historia de Francanieves, capturada por los siete fungos-enanos; o la de Jans Eligretel, que se perdió en el bosque y se lo quería comer una bruja. En esos cuentos, siempre había engaños, criaturas misteriosas y árboles encantados más feroces que los abráknidos... Me daban miedo, pero a la vez me fascinaban.

Así fue como me enamoré del bosque y como acabé siendo leñador. Bueno, leñador... ¡es mucho decir! En realidad yo no tocaba los árboles. Esos lugares son sagrados, ¡jamás me habría arriesgado a ofender a sus espíritus! Nadie, ni siquiera un yopuka, sería tan tonto como para hacerlo. No, yo me conformaba con recuperar las ramas secas y la madera muerta que el bosque ofrecía. A fin de cuentas, era más como un guarda forestal.


Bueno, todo esto para decir que en mi larga carrera vi y oí un montón de cosas extrañas en estos bosques, pero nunca habría creído posible que un día asistiría a ¡un combate entre dos protectores de mes!

Todo comenzó un día de desiembro, justo antes de la glaciación. Yo estaba haciendo mi ronda, como de costumbre, y ya había conseguido bastantes ramas muertas, cuando oí un jaleo espantoso que venía del corazón del bosque. No se parecía a nada que yo conociera. Parecía como si cientos de crujidores gigantes jugasen a rodar hechos bolas sobre el humus del bosque.

Yo soy curioso por naturaleza, y no soy de los que retroceden frente a lo desconocido. De hecho, normalmente ¡suelo lanzarme de cabeza! A menudo me he metido en problemas por eso... ¡pero a veces me encuentro con buenas sorpresas! Así que me adentré en el bosque para ver si averiguaba qué era lo que hacía tal ruido.


Los ruidos se iban haciendo más fuertes según avanzaba, hasta sentía temblar el suelo. No estaba muy tranquilo, lo reconozco, pero quería saber qué estaba pasando.

Entonces fue cuando la vi, como saliendo de entre los árboles. Estaba ahí, guapa, azul, encantadora e irreal. Era tan grande como un trool, pero a la vez tan ligera como una pluma de tofu y tan graciosa como la flor de un bulbomatorral. ¡Una belleza glacial! Por un instante, creí que era la reina de las nieves, la de los cuentos de mi niñez. Pero no, ¡no era reina! ¡Ni una diosa! ¡Ni siquiera un espejismo! Era Jiva, la guardiana del mes de javián.


No tardé en darme cuenta de que no estaba sola. Frente a ella, había un enorme demonio al que le costaba mantenerse en pie. Era Djaul, el protector de desiembro... Cuando vi a este coloso, recién salido del Averno, me sentí empequeñecer. Durante un instante, ¡hasta pensé en irme sin decir ni mu! Pero me daba miedo atraer su atención haciendo ruido, así que me quedé allí, inmovil, observando como peleaban.

¡Ah! Eso sí que es pelear... ¡Un combate de titanes! Djaul se lanzaba a por Jiva y le tiraba del moño, y Jiva respondía asestándole violentas patadas en los codos. ¡Paf, él respondía dándole un par de soplamocos! ¡Pif, ella le metía los dedos en las narices! ¡Puf, los dos se caían de nalgas aplastando los árboles en su caída!


Nada podía pararlos. Parecían dos crujidores peleando en un tofullinero. Llovían los golpes, volaban las plumas, crujían los puños... Y todo lo que los rodeaba acababa hecho polvo. Por suerte, estaba a bastante distancia como para que me aplastaran, pero ¡en varias ocasiones pensé que no lo contaba!

Ya hacía un buen rato que los estaba observando cuando vi que Djaul golpeaba a Jiva por debajo de la cintura. ¡Slatch! Un violento zarpazo y, un momento después, los muslos de Jiva estaban mancillados. Entonces empezó a brotar sangre de la herida, una sangre de un azul intenso que se iba escurriendo pierna abajo. Regaba el suelo, y se infiltraba en la tierra tan rápido que no parecía real. Al cabo de tan solo unos segundos, la vegetación más cercana al lugar de la pelea empezó a cambiar, a transformarse. Vi como, a lo largo de los troncos, se formaban unas extrañas venas de un color azul pálido y brillante, casi glacial. Los pétalos se paralizaron, las hojas se inmovilizaron y las cortezas se petrificaron, y todo a una velocidad increíble.

La sangre helada de Jiva acababa de contaminar el bosque entero.


Al ver esto, perdí todo mi valor y me dije que era el momento de abandonar ese lugar, ¡y rápido! Aproveché que los protectores habían retomado su pelea para irme sin mirar atrás. Estaba tan aterrado que ¡solo tardé unos minutos en llegar a mi cabaña y encerrarme con llave!

Hice bien, porque apenas acababa de ponerme a cubierto, cuando una tormenta de nieve empezó a caer fuera. La glaciación acababa de comenzar.

Hoy día, le sigo dando las gracias a los dioses por haberme salvado la vida. Si me hubiera quedado fuera, ¡habría acabado hecho un cubito de hielo!

El bosque, por su parte, se cubrió con una espesa capa de hielo que, fijada por la sangre de Jiva, acabó petrificando el lugar para siempre...

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