Chocolatería de la isla de Pazcuak
El santo Etnop, sobrepasado por la masacre de miles de huevos en la época de Pazcuak, buscó durante años una manera de evitar este drama. Un día, tuvo la idea de ofrecer una alternativa a los doceros mediante huevos de chocolate.
Recurrió a los talentosos artesanos de la Orden de los Chocolateros para realizar esta golosinas. Desde el principio, resultó ser un verdadero éxito.
Para poder satisfacer el apetito voraz de todos los doceros posibles, Etnop diseñó los planos de un lugar sin par.
Encomendó a los nombres más relevantes de la orden, entre ellos Emil Kah, el fundador, para que llevaran a cabo este proyecto. Esculpieron bloques de chocolate impregnados de magia durante meses hasta que le dieron forma a la isla de Pazcuak y su chocolatería.
Sorprendido con el talento de estos artesanos, Etnop confió la gestión de la fábrica a Emil Kah quien la dirige con maestría.
Esta proeza pudo ver la luz gracias a la creación del dofus cacao que se encuentra en el corazón de la isla de Pazcuak. El huevo mágico es el fruto de una colaboración entre Etnop y Sehb, el santo del dulce. La potencia que desprende impregna toda la isla y la chocolatería. De hecho, las golosinas que salen de aquí tienen un sabor único e inimitable.
La isla de Pazcuak cuenta con un buen número de particularidades. Entre ellas cabe destacar la modernidad de su fábrica con tecnología punta, así como la excelencia de sus artesanos y tus técnicas demostradas. Y lo más sorprendente, el dofus cacao le ha conferido a la isla la increíble capacidad de volar.
Gracias a esta fantástica singularidad, la isla es capaz de desplazarse a merced de las estaciones. Gracias a la movilidad de la isla, los chocolateros también se aseguran poder conseguir los mejores productos y así proponer chocolates buenos tanto para el paladar como para la salud.
Y lo más importante, esta facultad le permite esparcir huevos de Pazcuak por todo el continente durante la época festiva. Los aventureros podrán buscarlos y recibirán recompensas a cambio del botín conseguido en estas criaturas. Los más afortunados quizá encuentren el raro huevo de Pazcuak dorado que les permitirá conseguir ganancias adicionales.
Cada años, en la época de Pazcuak, la isla hace escala en Amakna y abre sus puertas a los doceros. Está accesible gracias a una campana alada giganteo pilotada por Ding Dong, un salteadorillo, y que puede transportar hasta a 5 pasajeros a la vez.
En este auténtico paraíso del chocolate, fascinación y sorpresa se dan cita. Lilivonne Kah, la mujer del gran Emil Kah, guía a los que se aventuran en la isla.
Estos pueden, por ejemplo, asistir a la recolección de la materia prima en cantera de chocolate, que sirve de base para todas las deliciosas preparaciones de la chocolatería.
Mientras se pasean por los jardines de la Nata, los visitantes más valientes podrán hincarle el diente a las últimas criaturas fabricadas en la isla. La magia que se desprende de ellas las vuelve particularmente recalcitrantes a dejarse comer, pero tan deliciosas que sería una pena no intentarlo. Para los menos temerarios, la tienda propone dulces inanimados.
Los visitantes tienen la posibilidad de descubrir los secretos de producción de nuestros chocolateros realizando unas visitas privadas a sus laboratorio. En ellos se han elaborado las mayores recetas chocolateras. inspiradas en los efectos del ambiente mágico que reina en la isla**.
Por último, los que lo deseen también pueden prestar su ayuda a los diferentes residentes de la isla a cambio de una retribución que se puede usar en la tienda. Desde el mantenimiento del orden hasta la limpieza, pasando por la recolección de ingredientes raros, hay para todos los gustos.
**Por razones ajenas a nuestra voluntad, no se aconseja temporalmente a los visitantes de la isla el acceso a los laboratorios. La Orden de los Chocolateros no se hace responsable de los bultos u otros hematomas que pudieran ocurrir durante una excursión no autoriza en esta zona. Te pedimos disculpas por las molestias.