El pico de Anutrof
En Incarnam, hay un lugar al que todos los anutrofs desean hincar el pico: la Roca de la Fortuna. Parece ser que, en este lugar, el dios de escamas doradas enterró parte de su reserva de plata, como demuestra la presencia de su divina herramienta.
Todo el mundo sabe que el tesoro conseguido por el Gran Avaro no tiene límites: una pequeñísima parte sería suficiente para que cualquier mortal fuese rico hasta el fin de sus días. El fervor de los peregrinos y su entusiasmo al cavar solo están a la altura de sus esperanzas.
Se dice que un anutrof particularmente tenaz cavó tanto y tan profundo que acabó por atravesar Incarnam de un lado a otro. Según cuentan, cayó a través del Krosmoz hasta aterrizar en el Mundo de los Doce. Una vez allí, se sacudió la barba para quitarse el polvo celeste y, luego, siguió cavando.
Algunos mineros creen que este singular personaje puede ser el origen de las galerías que unen todas las minas del mundo. En algunos momentos del año, cuando la tierra deja de crujir, se dice que aún se puede escuchar el ruido metálico de su pala y su pico recorriendo las profundidades.