Dofus Codex
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Dofus 3

Los Grandes Días de los pequeños dioses

Septango - Octobrero

2,060 palabras
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2 de septango





SEPTANGO



El Frasco Lacado


Ancestrotek, el santo del cansancio



¡Ya era hora de que llegara mi día! Ya empezaba a sentirme un poco flojo. Ahora podré sacar todo el vigor de los mortales y quedarme como nuevo.

¿A qué viene esa mala cara? Ah, ya lo pillo. ¿Me tomas por un vampiro? Déjame que lo aclare.
Imagínate que no sientes ningún cansancio, que no duermes nunca y que tras una comilona no te dan ganas de bostezar. La gente acabaría agotándose y cayendo como muuumuscas, sin avisar.
Menos mal que estoy aquí, ¿eh?


Pues sí, a veces te descargo de tu exceso de energía. Algo de lo más generoso por mi parte. Te estoy haciendo un favor, ¿y cómo se me agradece esto? Me calumnian, me llaman ladrón, se sublevan contra mi benevolencia. Armo un jaleíllo de nada, y me sabotean mi trabajo. Si alguien puede poner el grito en el cielo, ¡ese soy yo! Pero estoy por encima de eso. Una verdadera divinidad tiene mayores miras. Me sé de algunas que deberían aplicarse el cuento.

No parece que te convenza... Madre mía. Me cansas.


Qué le vamos a hacer. Mientras estás refunfuñando y acusándome de todos los males del Mundo de los Doce, pienso aprovechar mi día al máximo.
Tengo previsto darme un paseo por la Feria del Trool, entrenarme para el brakmaratón, recolectar varias toneladas de pandojas, leerme la enciclopedia de los goblins, bajar 1 kama todos los precios de los mercadillos, mendigar un nuevo set por el zaap de Astrub, saludar a todos los aventureros que pasen por el bibliotemplo, pasarme los Sueños Infinitos...

Hmm. Parece que estoy hablando solo. Pfff. ¿Sigues aquí? Te has dormido, ¿verdad?




12 de septango






La Aurora Púrpura


Grugin, el santo de las disputas



Esto está muy tranquilo... demasiado. Además, mi jarra está vacía.
¡Eh, tú! Tráeme una cerveza. ¡Y ni se te ocurra dejar propina!

Me habían vendido el desorden de este local. Yo lo único que veo es una panda de blandengues pasando un buen rato... Sé que estamos en Bonta, pero a ver... Esperaba más acción.

Ah. Un fruncir el ceño, un rechinar de dientes... Se anima la cosa un poco.


El tabernero me está mirando con mala cara. ¡Perfecto! Me viene bien para que oiga el comentario de una clienta según la cual el pescado está pasado de sal gorda. Sube la tensión.

Deformo las palabras para que se produzca un malentendido, una broma pesada por allá, y empiezan las risas burlonas. Todo un clásico.

Y, claro, la gente se va cabreando más rápido que una ardilla pendenciera... Es inevitable, ¡no pueden resistirse! ¿Cómo iban a hacerlo? No son más que mortales, y yo, un dios.


¡Hombre, mi jarrita! Te has tomado tu tiempo, ¿la has fabricado o qué? No lloriquees, no estoy enfadado. Aunque parece que uno de los trovadores te tiene entre ceja y ceja. Ha dicho que echabas más peste que una milirrata muerta. A mí no me hubiera hecho ninguna gracia...

... ¡Bueno, pues ya estaría! ¡Ja, ja, ja! Voy a saborear mi cerveza de La Paliza Feliz mientras se lían todos a tortazos. Slurp

.


19 de septango






La Fiesta del Ripata


Olvido, el santo de los piratas



No hay discusión al respecto, la Taberna del Ripata es el paraíso en la Tierra. Jovenzuelas de muslo ligero y bebidas fuertes a placer, ¿qué más se puede pedir? Cuando llega el momento de jubilarse, cualquier pirata que se precie echa anclas en Sufokia. Pero este éxito no se habría alcanzado nunca sin mi intervención. ¡Por algo soy el dios de los piratas!


No hace tanto tiempo, a mi joven discípulo Alza Belas se le ocurrió algo genial... ¡Quien se atreva a decir que se le ocurrió a él solo y que yo no he tenido nada que ver se convertirá en rancho para los pischis del mar Rano!
Alza Belas se dio cuenta de que los piratas tenían mala reputación, lo cual no me ayudaba. Así que le grité al oído «¡Rayos y centellas de Sufokia!». Esto retumbó en su cabeza, y entendió qué había que hacer.
Teníamos que promover nuestra cultura y acabar con los rumores de los marineros kawaiis y los armadores.


Los filibusteros de toda clase se rascaron el bolsillo. Los abordajes se cuadruplicaron para conseguir los kamas necesarios para la campaña de lavado de cerebros. ¡Los tiburones sufrieron indigestiones! Por la pata de palo de Gurlo, ¡no había visto nunca semejante consenso entre piratas! En un año, reparamos la Taberna del Ripata y la convertimos en nuestro cuartel general. La elección de la fecha para la fiesta de los piratas no era negociable. Además, quienes propusieron un día que no fuera el mío terminaron en el estómago de un kralamar gigante. A buen entendedor...

La fiesta fue un exitazo. ¡Y sigue siéndolo! Cada año, en este período, hay más gente que habla o actúa como un pirata, de Sufokia a las llanuras de Cania. Es una oportunidad para despojarnos de la moral, poner la bandera negra e ir a enterrar cosas en islas desiertas. También es una buena excusa para beber ron cantando y eructando. ¡Eeerk!




3 de octobrero





OCTOBRERO



La Flecha Certera


Chik, el santo de la complicidad



¡Ay, el festival de la Flecha Certera! Esta convención de altos vuelos atrae a algo menos de gente que la gran carrera nudista de las llanuras de Cania, pero es más popular. Reconozco que me esfuerzo bastante en que la fiesta salga bien, lo cual es de lo más normal. Los rumores de que la diosa Ocra ejerce presión al respecto son infundados: soy el santo de la complicidad, tengo una relación cordial con cualquiera que me pida ayuda.


Todos conocen la historia de la Flecha Certera. Para salvar a Guiller Motel, que se iba a comer una manzana agusanada, Ocra atravesó con una flecha el fruto de su discípulo. Más le habría valido atravesarle el tendón de Aquiles para que dejara de utilizar su tobillo como vara de medir, a más gente habría beneficiado... Total, que, al reconocer un signo divino, Guiller Motel no tardó en crear una fiesta en honor a su diosa. Y la cosa es que tuvo el éxito esperado.

Tiradores de todos los rincones del Mundo de los Doce vienen cada año a participar al festival, atrayendo a una multitud ávida de espectáculo, de buena comida y de bebida, sobre todo zumo de manzana y sidra.


Entre los tiradores habituales, se encuentran la encantadora Anne Heken y el no menos famoso Ricki Soffredo. Al parecer ambos crearon tal complicidad que tuvieron varias aventuras, y en público, pero no es asunto nuestro. Aunque uno tiene ojos en la cara, claro está.

El festival de la Flecha Certera es una oportunidad para quedar y pasarlo bien, ya seas buen o mal tirador, eso no tiene mayor importancia. Si eres un mal tirador, pues dices que lo sientes mucho, que te has equivocado y que no volverá a ocurrir, y ya está.



Fecha variable

Entre el 8 y el 14 de octobrero






Ganks Ziving


Takeza, la santa de la gracia



Primero quisiera resolver un malentendido. Esta mañana, otra vez me han puesto un pedazo enorme de mantequilla en uno de mis mejores altares. Lo vuelvo a repetir para quienes no se hayan enterado todavía: ¡soy la santa de la gracia, no de la grasa!

En este día muy particular del que me encargo, mi nombre está vinculado al de Ganks Ziving. En un momento dado, bendije a este ganadero para premiarlo por su devoción. Sus dragopavos fueron durante mucho tiempo los mejores del Mundo de los Doce. Pero su primo, Guiving, le robó a la joya de su ganadería. Desde entonces, las dos familias se tienen un odio visceral...


Menos mal que no soy la diosa de la guerra fratricida ni de la vendetta sanguinaria. El desacuerdo entre los Ziving y los Guiving se materializa sobre todo en una competición de enormes banquetes. Cada año, los Ziving sirven grandes bistecs de dragocarne, puré, redondos napados con jugo de calawaza y tartas de manzana. Los Guiving, por su parte, se deleitan con tartas de calawaza, dragopavo relleno y zumo de manzana. Y ganan quienes tengan la mesa más abastecida... Ante semejantes montañas de exquisiteces, ¡no me extraña que la gente piense en mí!


A mis verdaderos fieles los reconozco tras estos ágapes. En la sobremesa, cuando la mayoría de los comensales no se puede mover de la silla, mis discípulos se levantan con suma elegancia y se ponen a revolotear con ligereza en la pista de baile.

Si celebras el día de Ganks Ziving, sé razonable, evita manchar el mantel, no le eructes en la cara a tu vecino, no pegues pelotillas de puré al techo y no repitas tres veces el postre. Así mantendrás tu reputación... ¡y la mía! ¡Compórtate con la mayor de las gracias!




12 de octobrero






El Día de la Bambrújula


Diakollec, la santa de los viajes



Todos los doceros celebran este bendito día, ¡y yo que me alegro! Los curiosos se van de viaje, el Equipo Turist-A gana kamas, los productores locales le dan salida a su producción sobrante como recuerdos, y todos contentos.

Me suelen preguntar por las tierras misteriosas que descubrió aquel famoso pandawa cuyo nombre se desconoce. Y yo siempre respondo lo mismo: ¡el destino no importa siempre y cuando el viaje sea placentero!


Te dejo unos cuantos consejos para disfrutar al máximo del Día de la Bambrújula:

  • Lleva contigo un trozo de bambuto (da suerte).
  • Mantén una buena relación con tu divinidad tutelar (para no llevarte ninguna mala sorpresa).
  • No te encierres en casa (ni en la taberna).
  • Mantén los ojos abiertos para disfrutar del paisaje (sobre todo los sadidas).
  • Lleva una reserva suficiente de comida y bebida (no solo se vive de pan, pero tampoco exageremos).

  • El Día de la Bambrújula es también la oportunidad de sentir la exaltación con la que late el corazón de los grandes exploradores.

    No hace falta ir a la otra punta del mundo. Para algunos hombres, viajar por primera vez de su sofá al mercado para hacer la compra es descubrir un entorno asombroso y establecer vínculos con la población local.

    Este día es también un buen pretexto para aventurarse fuera del domicilio conyugal y abrirse a nuevos horizontes.

    En cuanto a las poblaciones nómadas, por desgracia cada vez más escasas, para ellas el Día de la Bambrújula es más o menos todos los días, y son felices así. Más gente debería tomar su ejemplo.




    31 de octobrero






    Haluín


    Asid, el santo del miedo



    Hay tres buenas razones para celebrar Haluín. Bueno, cuatro, si te encanta atiborrarte a calawazas, pero eso en realidad no cuenta... o al menos para mí.

    La primera es el disfrute de asustarnos. ¡Qué alegría sentir una gota de sudor frío bajar por la espalda!

    Disfrazarte para atemorizar a los transeúntes. Contar historias de terror con un farolillo encendido debajo de la barbilla. ¡Acercarte subrepticiamente a tus amigos por la espalda y pegarles un grito para que lleguen al techo de un bote! Pero eso no es todo...


    También puedes celebrar una comida de reconciliación con tus enemigos sin olvidar aderezar la crema de calawaza con semillas de scorbuto en polvo. En resumidas cuentas, ¡la cuestión es divertirnos al compás del castañeteo de los dientes y de las estridencias de los violines!

    La segunda razón es comer golosinas. ¡Los caramelos están tan ricos! Me encantan los cliches, que se funden bajo el paladar liberando un sabor a tumba recién cavada. También me gustan las piruletas de limón, con las que se hacen muecas por la acidez. Las de manzana me llaman menos la atención: les falta algo de chispa. Un olor a podrido que realzara su sabor, seguramente.


    Luego, están también los caramelos sorpresa de Haluín. El jugo de larva naranja les da un sabor inimitable: los aconsejo muchísimo.
    Pero lo mejor de los dulces es cuando quienes abusan de ellos terminan sentados en el sillón del dentista... ¡A ver, abra la boca y diga AAAAHH!

    ¿Que cuál es la tercera razón para alegrarnos en Haluín? Pues que, si no lo celebras, llamaré a tu puerta. Normalmente me suelo conformar con marcharme con algunos caramelos dando un sustito nada más, pero, si no sigues el juego... podrías morirte de miedo.