El pabellón de caza
Nada más llegar a Vulkania, el célebre Jalatófalo Bil decidió aceptar el reto de Nevark, el Cazador, y se lanzó de lleno al gran Safari de las Almas.
Viendo que tendría que permanecer durante un buen tiempo en la isla, Bil convirtió una cabaña en su pabellón de caza. Siempre dispuesto a demostrar a todo el mundo su condición de cazador sin par, decoró el interior del pabellón con una multitud de trofeos que había acumulado con el paso de los años. Bil no solo perseguía a los jalatós, sino que disparaba a todo lo que se movía. El mayor trofeo de su colección se lo arrebató a Minotauroro con sus propios dientes. Bil, orgulloso como estaba de su captura, nunca perdía la ocasión de exhibirla ante todos los turistas que andaban de paso.
Finalmente, su vanidad terminó por causarle problemas: cuando el antiguo dueño de la prueba del delito supo que Bil se regodeaba con sus atributos perdidos, puso rumbo a Vulkania y exigió la restitución de su objeto.
Jalatófalo Bil tuvo que salir de la isla a toda prisa, con Minotauroro pisándole los talones. Desde su precipitada huida, el pabellón de caza está deshabitado.